En 1915, el pastelero Josef Keller (no olvidemos que en ese momento Alemania estaba en plena Primera Guerra Mundial), se atribuyó la creación de la Selva Negra. Keller había ganado fama en su oficio de repostero del Café Ahrend de la ciudad de Bad Godesberg, al Sur de Bonn en la bucólica región del río Rin, e insistía en que había sido el inventor de la combinación de crema, cerezas y chocolate con el toque aromático del licor de cerezas. Incluso, él mismo escribió la receta en 1927, aunque dicha versión tenía una sola capa en lugar de tres. Sin embargo, otra versión indica que fue el chef Erwin Hildenbard, de la ciudad de Tübingen en la región de la Selva Negra, el que inventó la torta en 1930, años para nada fáciles en Alemania, con un clima social demasiado enrarecido por una crisis que desembocó en la primera hiperinflación de la historia de la humanidad y la posterior llegada de Hitler al poder.
Sea como sea, la fama de la Selva Negra se expandió rápidamente por toda Alemania hasta que llegó a traspasar sus fronteras. Hoy en día se considera la torta más popular de Alemania. Incluso tiene su propia fiesta en el pintoresco pueblo de Todtnau, uno de los lugares más turísticos de la región de la Selva Negra, donde se celebra cada dos años el festival de esta torta y donde compiten aficionados y profesionales.
Para la presente sección, el pastelero Juan Pablo Viana nos acerca en exclusiva tres versiones de este verdadero manjar para que podamos hacerlo en nuestra casa: la versión clásica con compota de cerezas, otra versión más común con un génoise -especie de bizcochuelo- de chocolate, y una receta propia y más actual con capas de merengue con almendras (dacquoise).
Es un postre apropiado para disfrutar en reuniones familiares y darle un toque especial al evento con una torta que nunca falla porque tiene chocolate y crema chantilly para los más golosos y un toque de licor de cerezas para los paladares más exigentes. Y si hay algún cumpleaños cerca, ¡aquí está la solución!