Quién no siente un escozor especial cuando debe concurrir al dentista, aunque hoy la tecnología médica redujo sensiblemente el dolor de los pacientes. Técnicas, trucos y consejos para bajar la ansiedad y no retrasar la visita al odontólogo
La mayoría de las personas, tanto adultos como jóvenes, sienten un tipo de miedo o ansiedad ante la visita al dentista. Muchas veces es ocasionado por experiencias traumáticas vividas en el pasado, donde se magnifican las experiencias, tanto negativas como positivas.
Los síntomas más comunes que aparecen estando ya en la sala de espera son manos temblorosas y húmedas, aceleración cardíaca, sudores repentinos, dolor de estómago, dificultad de respiración y pensamiento de cómo poder evitar esa cita. En muchos casos, cuando se trata de una extracción, el miedo llega a impedir que la persona concilie el sueño la noche anterior, encontrándose al día siguiente cansado, malhumorado y queriendo anular la cita acordada.
Estos síntomas, por supuesto, suceden en aquellas personas que sufren de fobias o ataques de ansiedad, pero en la generalidad de los casos, la gente sufre algún tipo de rechazo a ir al dentista.
“Lo que más miedo suele generar son los pinchazos y el ruido del torno, aunque la gente que tiene fobia a estas dos situaciones, por lo general suele tener dificultades también ante los especialistas y cualquier prueba complementaria que suponga una invasión a su cuerpo -asegura el doctor José Rodríguez, odontólogo especialista en Implantología Dentaria-. En este sentido, el ambiente de las consultas al odontólogo ha cambiado mucho en esta última década: se ha creado un entorno más acogedor y la forma de acercarse al paciente por parte de los dentistas, sobre todo a los niños, la decoración de los consultorios y la comunicación indirecta con música tranquila en la sala de espera se ha modificado positivamente”.
Pero a pesar del avance tecnológico que han experimentado las ciencias odontológicas, el miedo de las personas de asistir al dentista sigue estando presente.
Este miedo es llamado “dentofobia” y es un trastorno que consiste en una serie de síntomas físicos y psiquicos, que aparecen cuando hay que asistir al dentista y que es difícil evitar.
Este miedo extremo, que debe ser tratado en algunos casos por un psicólogo, puede llegar a que la persona simplemente evite asistir al odontólogo, perjudicando de este modo su salud y estética de sus piezas dentarias. Un ejemplo de esto es la cantidad de personas que rechazan la ortodoncia y prefieren vivir con el amontonamiento de sus dientes, sin tomar en cuenta que esto puede traer otras consecuencias negativas en la salud bucal.