Aunque la depresión en el anciano es un problema frecuente, habitualmente se encuentra subdiagnosticada y sólo entre el 10 y el 40% de ellos recibe el tratamiento adecuado
Entre las causas de depresión en la tercera edad se encuentran la falta de apoyo social y de un proyecto de vida a futuro, acontecimientos vitales estresantes, como pérdida de la pareja y algunas afecciones orgánicas, entre las que se pueden incluir trastornos hormonales y metabólicos. Además del riesgo sobre la salud de la persona mayor que esto conlleva y del riesgo de suicidio, estar deprimido afecta la calidad de vida, y en ella puede estar el origen de un déficit cognitivo del tipo del Alzheimer. En los ancianos, la depresión -que afecta de manera primordial a las mujeres- puede ser consecuencia de diferentes cambios vitales. Sin embargo, este trastorno puede ser en ellos difícil de detectar ya que puede incluir síntomas como fatiga, inapetencia e insomnio, en lugar de la desvitalización y tristeza característica cuando el problema se presenta durante otra etapa de la vida. Es fundamental que los familiares o cuidadores presten atención a cualquiera de estos signos y realicen la consulta correspondiente ya que, una vez descartada la causa orgánica, existen tratamientos psiquiátricos y psicológicos que pueden contribuir a mejorar la situación. También es importante saber que cuando un anciano se deprime, este trastorno le causa un sufrimiento innecesario y que con el abordaje necesario se puede llevar una vida placentera a cualquier edad. Pero es el médico clínico, encargado del cuidado de su salud, el primero que debe prestar atención a cualquier estado afectivo anormal. Es que las personas mayores sólo suelen hablar de sus síntomas físicos ocultando, muchas veces, los aspectos emocionales. Los especialistas apuntan a que la angustia es un buen indicador de que algo está funcionando mal y que requiere una intervención de manera urgente. Pero la depresión geriátrica difiere de aquella que afecta a la población más joven, y justamente por eso es tan importante estar alertas. El problema radica en que muchas personas de la tercera edad reducen su capacidad fisiológica y psicológica para adaptarse a los cambios que, en ellos, pueden llevar a la pérdida de la autoestima y sentimientos de inferioridad porque suelen presentar problemas de índole física que les producen limitaciones y afectan su autoimagen. Por otra parte, hay un sentimiento de pérdida en el sentido de la productividad que se produce con la jubilación y la muerte de amigos y seres queridos. El inconveniente más grande es que la mayoría de las veces la depresión se presenta como si se tratara de un problema de índole orgánica con trastornos de la memoria, la concentración y falta de impulso vital, lo que puede llevar al médico a distraer la atención sobre ésta. Si bien el diagnóstico diferencial en los adultos mayores debe hacerse entre depresión y demencia senil, a menudo se arriba a una evaluación equivocada, ignorando que el tema es básicamente emocional.

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