"El caballo perdurará, el automóvil es una moda, un furor", “No existe ninguna razón para que un individuo tenga una computadora en su hogar” y “Acaso, en el futuro, las computadoras sólo pesen unos 1500 kilogramos”, son algunas de las predicciones fallidas más icónicas de la historia.
Es usual que, cada año, sea cuando está por finalizar o bien a poco de iniciado, surjan personas que afirman estar capacitadas para vaticinar el futuro y hagan sus vaticinios. Que, como ya conocemos… ¡muchos de los cuales no llegarán a cumplirse jamás!
Pero lo que es poco conocido –y a eso nos vamos a referir ahora– es cuando científicos, técnicos y gente a la que uno atribuye que sus declaraciones surgen de sesudos análisis a través del uso del pensamiento racional y reflexivo se han permitido hacer afirmaciones, sobre asuntos del futuro, que terminaron siendo absolutamente desastrosas. Es decir… ¡fallaron completamente!
Así tenemos al doctor Lee De Forest (1873/1961), inventor , ingeniero eléctrico y pionero estadounidense en electrónica de importancia fundamental.
Inventó el primer amplificador electrónico práctico, el tubo de vacío triodo "Audión" de tres elementos, en 1908, lo que contribuyó al avance de la era electrónica, propiciando el desarrollo del oscilador electrónico . Estos inventos hicieron posible la radiodifusión y las líneas telefónicas de larga distancia; propiciando el desarrollo del cine sonoro, entre innumerables otras aplicaciones. Pues bien, el Dr. De Forest, el 25 de febrero de 1967, afirmó sin titubeo alguno: “El humano nunca llegará a la Luna por más progresos científicos que haya en el futuro”. Está de más agregar que, apenas diecisiete meses más tarde, Neil Armstrong y Buz Aldrin, descendían –desde la Apolo XI– en el Módulo de Excursión Lunar (LEM) para caminar por la polvorienta superficie selenita.
“Creanme, Alemania es incapaz de ir a la guerra“, hubo asegurado el ex primer ministro británico David Lloyd George, un 1° de agosto de 1934. Ya conocemos lo que ocurrió…
“Todo lo que puede ser inventado, ya ha sido inventado”, aventuró –durante el año 1899– Charles H Duel, por entonces director de patentes de los Estados Unidos.
“No existe ninguna razón para que un individuo tenga una computadora en su hogar”. Esa fue la certeza que se ocupó en transmitir a sus contemporáneos, en 1977, Kenneth Olsen, presidente y fundador de Digital Equipment Corp. “¿A quién diablos le importa oír hablar a los actores?” se preguntaba en 1927, Harry M. Warner, socio fundador nada menos que de la famosa Warner Brothers, quien estaba convencido que el futuro de una cinematografía exitosa se encontraba en las películas mudas.
“La radio definitivamente no tiene futuro.” Esta afirmación –hecha en 1897– no la hizo ningún improvisado, sino nada menos que Lord Kelvin, destacado matemático y notable físico escoces, quien – inclusive - fuera presidente de la Royal Society de Londres, entidad dedicada al avance de las ciencias y que es la sociedad científica más antigua del Reino Unido y una de las más antiguas de Europa.
“Confieso que en 1901 le dije a mi hermano Orville que el hombre tardaría unos cincuenta años en volar…Desde entonces, he desconfiado de mí mismo y prefiero abstenerme de formular toda clase de pronóstico”, confesaba en 1908, Wilbur Wright, pionero de la aviación norteamericana. Se nota que tenía poca confianza en el avance de lo que él mismo había participado en desarrollar: el avión. No fue el único en imaginar de esa manera. “Los aviones son juguetes interesantes, pero no tienen ningún valor militar” se solazaba en comentar a quien quisiera escucharlo, en 1911, el Mariscal Ferdinand Foch, oficial francés experto en estrategia militar, que luego sería comandante en la Primera Guerra Mundial.
“El caballo perdurará, pero el automóvil es tan sólo una novedad, un furor”, fue la recomendación que el entonces presidente del Michigan Savings Bank le hizo, en 1903, a Horace Rackman (abogado de Henry Ford) para que no invirtiera en la compañía Ford Motor. Aclaremos que Rockman ignoró esos pareceres por lo que compró acciones por un valor de 5000 dólares y varios años después las vendió por 12.5000 dólares
“Que uso podría dar nuestra compañía a un juguete eléctrico?”, se preguntaba William Orton, presidente de Western Unión, mientras rechazaba el ofrecimiento de Alexander Graham Bell de vender su tambaleante compañía telefónica a la Western Unión por 100.000 dólares.
“Acaso, en el futuro, las computadoras sólo pesen unos 1500 kilogramos” Si. No hay error. Mil quinientos kilogramos era lo que vaticinaba la revista Mecánica Popular, refiriéndose al desarrollo del universo cibernético, en 1949.
“Después de los, seis meses, la televisión no podrá seguir aferrada a cualquier mercado que haya captado. La gente se cansará pronto de mirar todas las noches una caja hecha de manera terciada.” Ese era el pensamiento de Darryl F. Zanuck, director de la 20th. Century-Fox, en 1946. Obviamente, nunca llegó a suponer que, en el siglo XXI, la gente caminaría por las calles mirando a través de la pantalla de un pequeño objeto llamado celular.
Pero, quizás, uno de los mayores desaciertos científicos lo manifestó el Dr. Ian G. Mac Donald, médico cirujano que ejercía en Los ángeles (EE. UU.) y que en una entrevista en la revista Newsweek, del 18 de noviembre de 1963, no tuvo dudas en manifestar: “Para la mayoría de las personas, el consumo de tabaco tiene un efecto saludable.”
Y, para concluir, aunque sin dudas si el lector se lo propone habrá de encontrar muchísimos más, uno que refiere a Los Cuatro de Liverpool.
Se trata de cuando, en 1962, el sello discográfico Decca Records, una compañía discográfica británica con sede en Londres, especializada en música popular, clásica y jazz, fundada en 1929 por Edward Lewis, rechazó totalmente editar a un grupo bautizado como The Beatles, argumentando que “No nos gusta su sonido. Y, a decir verdad, los conjuntos musicales con guitarras están en vías de extinción.”
Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, filósofo, historiador y escritor. www.antoniolasheras.comhttps://antoniolasheras.com/