El previsible triunfo de Alberto Fernández resultó más menguado de lo que se anticipaba y consolidó las aspiraciones de Macri de liderar la oposición. La persistente grieta amenaza una transición armónica.

Futbolero como es, el presidente Mauricio Macri debe haber pensado anoche en el superclásico del martes pasado, cuando su querido Boca Juniors fue otra vez eliminado por River, pero tras ganar en su cancha. Y se fue aplaudido. Tal vez se haya sentido ayer identificado con el equipo que presidió durante tres períodos. Esta segunda elección con relación a la del 11 de agosto fue como la revancha en la Bombonera: aunque él no haya ganado, la remontada en la que nadie creía no le alcanzó para llegar al balotaje, su gran anhelo.

El "milagro" no sucedió para el oficialismo, pero el resultado de ayer nadie lo esperaba. Mucho menos los encuestadores, que volvieron a patinar feo ya no solo en los pronósticos previos, sino también en los bocas de urna, que durante toda la jornada se la pasaron anticipando diferencias de hasta 20 puntos que la realidad desdibujó. Y eso que por la mañana, en su contacto con la prensa tras votar, Macri había parecido ingenuo al pedir no estar tan atentos a los bocas de urna, a los que definió como "cosas que no tienen rigor científico".

"Hay que esperar a las 9 de la noche y si el resultado es parejo, hay que esperar mucho más", sugirió.

A la postre, el resultado no fue ajustado, pero sí mucho más parejo que lo que podía esperarse.

A partir de las 18, en el búnker del Frente de Todos se repitió la rutina creada en su momento por Cambiemos y copiada por el peronismo en las PASO: cada media hora se presentaban parejas de referentes del FdT para hablar de la elección, a fin de matizar la espera y crear un clima de triunfo opositor, que era el que se preveía desde las PASO. Pero terminó derrapando Felipe Solá cuando poco antes de las 21 apareció junto a la diputada Vanesa Siley y anunció la "amplia victoria" de Alberto Fernández por "una cifra de dos dígitos".

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Poco después apareció en escena Rogelio Frigerio, flanqueado por Adrián Pérez y Andrés Ibarra, para dar los primeros resultados que ya incluían el 60% del escrutinio. Fue una reivindicación del nuevo sistema, tan vituperado durante meses y que esta vez no solo funcionó sin problemas, sino que permitió que para antes de terminado el día no quedara ninguna incógnita sin develar.

Pero amén de la celeridad, Frigerio confirmó un dato que ya había trascendido de fuentes oficiales, pero que nadie había creído: el presidente Macri había alcanzado un impensado 40%. Al cabo fue el número que logró la fórmula que integró con Miguel Pichetto, mostrando una notoria mejora respecto de la debacle de las PASO.

Alberto Fernández, por su parte, no alcanzó a mejorar la performance alcanzada en agosto pasado. Lejos quedó del 54% que desde el albertismo se ilusionaban con arañar, superando así a su compañera de fórmula y el récord marcado por ella en 2011, lo que hubiera podido suponer una consolidación de su liderazgo capaz de fortalecerlo hacia la interna del Frente de Todos. Pero tampoco llegó al 50%, la apuesta de mínima, que a la luz del resultado de agosto parecía fácilmente alcanzable.

El presidente Mauricio Macri confirmó que piensa ejercer el rol de líder de la oposición que entiende le corresponde.
El presidente Mauricio Macri confirmó que piensa ejercer el rol de líder de la oposición que entiende le corresponde.
El presidente Mauricio Macri confirmó que piensa ejercer el rol de líder de la oposición que entiende le corresponde.

Por cierto que el 48,03% logrado por Alberto Fernández es una cifra enorme, pero se ve flaca comparada con el 47,79 alcanzado en las PASO. Haber engrosado la cosecha electoral en apenas 24 décimas era impensado en las últimas semanas.

Parece poco también si se tiene en cuenta que Daniel Scioli logró, en el balotaje de 2015, el 51.34%.

En la derrota, el oficialismo que dejará de serlo en diciembre puede así sentirse reivindicado. Y más decepcionados se sentirán sus integrantes al pensar que lograron hacer semejante elección a pesar del desastre económico con el que Macri termina su mandato.

A la postre, las caravanas del "Sí se puede" sirvieron para generar un fenómeno inédito en el siglo XXI, que tuvo como impensado líder a quien históricamente renegó de esa forma de hacer política. Esas marchas estuvieron inspiradas en las movilizaciones convocadas a través de las redes sociales, de las que siempre el gobierno se mostró prescindente, más allá de que les resultaran beneficiosas.

El nivel de convocatoria de las mismas entusiasmó a los referentes de Juntos por el Cambio, aunque en general se minimizaron sus efectos. Nadie pensó jamás que pudieran alcanzar para revertir un resultado que ya desde el 11 de agosto parecía definido. Pero sí parecían servir para dos objetivos no menores: consolidar el liderazgo de Mauricio Macri como eventual jefe de la oposición, y mantenerlo competitivo a pesar del golpazo de las elecciones primarias. A la luz de los hechos, ambos objetivos parecieran haberse cumplido.

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Quienes imaginaban a un Mauricio Macri retirado tras no haber alcanzado la reelección, deberán replantear ese pensamiento. El 40% alcanzado le da una base que no puede reivindicar otro dirigente opositor. Y el propio mandatario se mostró en ese rol cuando en su discurso de anoche, al ponderar a su compañero de fórmula, anticipó: "Seguiremos trabajando juntos por los argentinos".

"Esto recién comienza, y como les prometí, más juntos que nunca vamos a estar ahí para defender los valores en los que creemos", añadió luego al hablar de su rol opositor. E insistió: "Lo que viene también va a ser un aprendizaje; la Argentina que viene nos necesita a todos poniendo lo mejor de cada uno".

Podría decirse que en las circunstancias críticas que vive la economía y teniendo en cuenta la experiencia negra del 12 de agosto, había más expectativa por los discursos posteriores a la elección de los dos protagonistas, que por el resultado en sí. Y el mensaje medido del Presidente sirvió para tranquilizar los ánimos, de cara al día después. Pero fundamentalmente su convocatoria al ganador a tomar el desayuno este lunes en la Casa de Gobierno, para ver cómo se inicia "un período de transición".

Como corresponde, los ganadores hablaron después del perdedor. Pero cuando lo hizo Axel Kicillof, el camino de cordialidad que acababa de abonar Macri se oscureció, cuando el exministro de Economía hizo un discurso que pareció invadir el terreno del presidente electo. Kicillof no se anduvo con medias tintas y habló de "tierra arrasada después de casi 4 años" de mandato de Cambiemos. Mencionó una caída de 9 puntos del nivel de actividad; una desocupación que según él era de 5,8% en 2015 y hoy es de 10,6; de 9.000 comercios cerrados y 3.300 pymes industriales que corrieron el mismo destino. Y de una deuda bonaerense que cuantificó en 9.000 millones de dólares en 2015 y en 12.000 en la actualidad.

"Estamos delante también de un fracaso en una forma de gobernar", liquidó, como si siguiese en campaña.

Cristina Kirchner le pidió luego al gobierno saliente que "como yo lo hice cuando me tocó traspasar el poder ejerza su responsabilidad cuidando el patrimonio del pueblo y de la Nación".

Al final, Alberto Fernández lució más medido que sus antecesores cuando le tocó hablar. Agradeció a Roberto Lavagna -a quien quisiera en su gabinete- por haberlo llamado para felicitarlo. A Macri no le agradeció, pero confirmó que tal cual había anunciado el Presidente "me reuniré con él y empezaremos a hablar del tiempo que queda y cómo lo transcurrimos". Recordó que el gobierno actual sigue siéndolo hasta el 10 de diciembre, pero aclaró que "vamos a colaborar en todo lo que podamos colaborar, porque lo único que nos preocupa es que los argentinos dejen de sufrir. Así que allí estaremos".

No tardó el gobierno en anunciar medidas cambiarias para este lunes. Pasados todos los discursos se supo de un fuerte endurecimiento del cepo, previsible ante la magnitud de la pérdida de reservas que desde agosto al presente alcanza los 20 mil millones de dólares.

Las partes anunciarán seguramente este lunes sendos equipos para coordinar la transición. Por el gobierno, números puestos son los ministros Rogelio Frigerio y Hernán Lacunza.

Amén de ese bienvenido gesto de civilización en pos de una transición ordenada está claro que el resultado de ayer, además de mostrar una polarización extrema, exhibe una sociedad mucho más fragmentada. Más allá de los discursos "anti-grieta" que no hacen más que exacerbarla.

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