Como para ponerle pimienta a una rivalidad que ya había nacido, en 1931, el primer Boca-River de la era profesional estuvo rodeado por la expectativa que acompañaría siempre al gran clásico del fútbol argentino, pero también se manchó con incidentes. River ganaba 1-0 con gol de Carlos Peucelle y, antes de la media hora de juego, el árbitro Enrique Escola sancionó penal en favor de Boca. Lo pateó Francisco Varallo, lo contuvo a medias Jorge Iribarren y, en el rebote, el delantero xeneize convirtió cuando parecía que el arquero iba a controlar la pelota. Las furiosas protestas de los jugadores millonarios, reclamando falta contra Iribarren, derivaron en las expulsiones de Lago, Belvidares y Bonelli, quienes se negaron a abandonar el terreno de juego y finalmente fueron detenidos. El árbitro se dirigió al vestuario y dijo que había recibido agresiones de los tres. El juego jamás se reanudó, pero el Tribunal de Penas días después decidió dar por terminado el partido, con el resultado 1-0 en favor de Boca.