A poco más de 120 km. de Buenos Aires y con camino de acceso íntegramente por asfalto, un lindo camping nos ofrece buena pesca de pejerreyes y variada a costos accesibles y con acceso por asfalto.
La pesca en el Paraná Guazú es un verdadero clásico de cada invierno y si bien las posibilidades de embarcados se multiplican, caminar por los muelles tiene un encanto único, que permite combinar la pesca con amigos y familia con el asadito del mediodía.
En esa intención, la barra pesquera de Julio Coria sorteó los 125 km. que separan el porteño barrio de Flores del segundo puente del Guazú y de allí, al bajar del mismo y llegar a la altura de la caminera, recorrer los tres kilómetros hacia la izquierda (todo por asfalto, aunque este último tramo hay que recorrerlo con cuidado) que nos llevan al rendidor camping Vidal.
Son cuatro muelles, con largos diversos (el más grande tiene 140 metros y hay tres de menores dimensiones), que nos invitan a pescar en el lado entrerriano donde el río socava (come barranca), que es donde se suelen dar los mejores pejes. En contrapartida, el lado bonaerense, donde el río embanca la arena, suele dar mucho chiquitaje y no siempre buen tamaño.
Con líneas de boyitas esféricas o cometas muy chicas, brazoladas entre 20 y 40 cm, y puntero impulsor para lograr distancia desde el muelle (puede ser puntero simple o pescador, con una brazoladita), la pesca se hace caminando, acompañando a las boyas y rotando al llegar a la punta del muelle, tras dejar derivar brevemente el aparejo. Es importante el respeto y los códigos entre pescadores, pues mucho vivo se queda “estacionado” en la punta, donde el pique suele ser más efectivo, pero le complica la pesca al que viene atrás.
Parte del grupo se dedicó a la variada, tirando a fondo con lombriz, y logrando excelentes cosechas de amarillos de buen tamaño. Una opción interesante para cuando el peje afloja, es hacer una pesca al vuelo de sardinas. Esta pesca se realiza con una línea de dos anzuelos bien separados, y brazoladas (atadas a la madre en microesmerillones) de 70 cm, donde colgaremos filecitos bien rebajados pero largos (0,5 x 4 cm). Tirando y recogiendo el aparejo, con plomo volador de 25 gramos, tendremos ataques constantes y diversión garantizada.
Este pesquero ubicado estratégicamente en la desembocadura del Brazo Largo y el Guazú, tuvo la semana pasada su pico de rendimiento en la temporada y una merma esta semana, donde el frío polar limitó la cantidad de capturas a 10/20 por caña, dependiendo la muñeca del pescador. El pique se está dando en brazoladas que oscilan entre 20 y 40 cm y recomendamos usar tres boyas y un puntero pescador, pues acortaremos el largo de línea y la haremos más maniobrable, facilitando también los encarnes. En cambio, quienes usan 5 boyitas de 20 mm y luego puntero, corren más riesgo de galleta y mantienen más tiempo la línea en el agua encarnando, además de lograr menos distancia al tener que arrojar una línea larga.
Lo bello de este ámbito es el paisaje islero, con el puente como telón de fondo aguas abajo y la posibilidad del descanso y el asado bajo la arboleda.
Por WILMAR MERINO
E-mail: [email protected]
Para publicar en esta sección escriba a Avenida Santa Fe 1752 P.B. Cap. Fed. - CP 1425.
Por teléfono al 4203-1615.