El tipo de alimento y la cantidad consumida, así como su forma de cocción y el condimento que usamos, son algunos de los factores que determinan el valor calórico de una receta
Las calorías contenidas en los alimentos se han convertido en una obsesión para ciertas personas y representan el caballo de batalla contra el que luchan para mantener o recuperar, según el caso, la figura y la salud. Atender algunas de las características inherentes a todos los alimentos, pero también a algunas de las circunstancias que rodean su consumo, son claves para intuir el contenido calórico de la dieta y adaptarla a nuestro estilo de vida y circunstancias individuales. Para tener una idea de las calorías que se ingieren, habrá que tener en cuenta el reparto en cada alimento concreto de los denominados principios inmediatos: hidratos de carbono, proteínas y grasas. Pero también hay que fijarse en otros factores, como la forma de prepararlos y acompañarlos. De igual modo, la cantidad ingerida, la forma de cocinar los alimentos y su condimentación son factores clave en el resultado energético final. La cantidad de calorías en los alimentos en su estado natural (crudos) depende de un único factor que es la proporción de principios inmediatos, hidratos de carbono, proteínas y grasas, cada uno de ellos con un valor energético concreto. El alcohol es otro componente de los alimentos que también proporciona energía tras su metabolismo orgánico. El aporte calórico de cada uno de ellos es variable. Los hidratos de carbono y las proteínas aportan 4 Kcal por gramo y las grasas, unas 9 Kcal. El alcohol proporciona alrededor de 7 Kcal por gramo, una circunstancia relevante al cuantificar la ingesta de una persona, sobre todo, cuando el consumo de bebidas alcohólicas es elevado. Para poder hacer una estimación de las calorías en los distintos alimentos, se utiliza la medida estándar de “100 gramos de alimento” para comparar el contenido calórico entre los distintos productos, con independencia de la ración que se consuma con posterioridad. Para conocer el contenido calórico de un alimento resulta útil conocer dos aspectos fundamentales: ¿Cuál es su contenido en agua? A mayor contenido en agua, menor aporte energético, dado que el agua no proporciona calorías. Las frutas, las verduras y hortalizas son alimentos con un aporte considerable de agua, alrededor del 90-95% de su peso, de ahí que aporten pocas calorías. Si por el contrario el alimento no tiene mucha agua, su contenido energético será mayor, como es el caso de las legumbres secas, los cereales y los frutos secos. ¿Cuál es su contenido en grasa? Es el principio inmediato que más calorías aporta, más del doble por unidad de peso que proteínas e hidratos de carbono. En síntesis, los alimentos con poca agua o sin ella, y los grasos aportarán el mayor número de calorías. Es el caso de los aceites, la manteca, la margarina y los frutos secos. Ejemplos prácticos Responder a las preguntas anteriores y obtener una conclusión acertada no siempre es fácil si no se cuenta con un poco de práctica. En la tabla se plantean ejemplos de alimentos concretos sobre los que se realizan las dos preguntas, sus respectivas respuestas y el valor calórico*: