Se reconoce un marginal en algunos aspectos y está convencido de que jamás hay que abandonar los sueños. Dice que cada uno es artífice de su destino, pero que las circunstancias moldean al hombre. Se describe como muchacho callejero y muy caprichoso.

Su casa es su remanso. Cree que sin sorpresa, la vida se enturbia. En esta ocasiones, el primer actor Claudio Rissi uno de los protagonistas de la serie El Marginal, que se exhibe por la pantalla de la TV Pública, los martes a las 22 hs- confiesa que en algunas ocasiones sintió ganas de tirar todo por la borda, incluso su propia vida.

En algún aspecto de su vida, ¿se reconoce marginal?

-En ciertos momentos, me he sentido marginal y, varias veces, me sentí marginado, incluso, por mi mismo. Me aislaba y ese aislamiento hacía que los demás me miraran como un sapo de otro pozo.

¿Con que no se jode?

-No se jode con la justicia social; no se jode con la salud ni con la educación; no se jode con los niños ni con los ancianos.

Cuando le sugieren que no intente algo, ¿qué actitud toma?

-Depende. Me han dicho que no valía la pena estudiar teatro y, menos mal que no les di bola, porque estaban totalmente equivocados.

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La opinión de sus seres queridos, ¿modificó sus decisiones?

-Siempre escucho los consejos y sólo pido opiniones a las personas que sé que me van a decir lo que piensan de verdad. De todos modos, no soy una veleta que anda cambiando de dirección ante cada opinión.

¿Qué le dice la voz de la experiencia?

-Que nunca hay que abandonar los sueños. De hecho, yo soñé muchas de las cosas que hoy estoy viviendo. Siempre defendí mis sueños que, pequeños o absurdos, se fueron cumpliendo.

¿En qué punto de su vida se encuentra?

-En lo profesional, estoy encausado e instalado en un lugar en el que mis referentes me dan su anuencia para que realice mis aportes creativos. En lo personal, recibiendo el afecto de los que me quieren bien.

Cuando se mira al espejo, ¿qué ve?

-A un pendejo de veinte años que se quedó dormido (risas).

¿Cómo cree que se encuentra psíquicamente?

-Bastante equilibrado, tranquilo y disfrutando mucho. Me transformé en un bicho casero, porque siempre fui muy callejero, ya que no tenía mi lugar. Ahora lo tengo y lo gozo. Hoy, mi casa es mi remanso.

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El destino, ¿está marcado?

-Creo que cada quien es artífice de su camino, pero siempre intervienen las circunstancias. Por ejemplo, si estás en el desierto del Sahara y te querés convertir en un nadador como Meolans, la vas a pasar como el culo (risas).

¿Qué hace honorable a una persona?

-Para mi, honorable es el que tiene en cuenta a los demás, que entendió que está en el mundo para algo, no para acumular poder y riqueza. Honorable es un médico como Favaloro; honorable es un maestro que genera en los pibes el interés por el conocimiento; honorable es una madre para que la que es más trascendente la vida de su hijo que la suya.

¿Qué transcendencia le da al dinero?

-Es un medio que me ayuda a llegar a algún lugar y a darme algunos gustos. Con la guita soy muy mano suelta, un descontrolado. Dicen que la plata es la base de la fortuna, pero a mi no me interesa. Mis viejos se rompieron el orto y nunca tuvieron nada. De hecho, los reyes magos que llegaban a mi casa eran muy pobres. Yo les pedía una bicicleta y nunca me la trajeron. Recuerdo que una vez mi mamá estaba colgando la ropa que había lavado en el fondo de casa y yo con diez años le sugerí que comprara dólares. Mi vieja, pobrecita, con la columna destrozada por todo lo que laburaba para parar la olla, me miró sorprendida, cómo sin entender. Vinculo a la plata con esas giladas.

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¿En qué le faltan cinco para el peso?

-En no haber sido padre, pegué en el palo.

Alguna vez, ¿sintió ganas de tirar todo por la borda?

-Sí, incluso hasta mi propia vida. Por suerte, pude reconstruirme, lamer mis heridas y caminar por la calle casi con una sonrisa.

Dígame Rissi, ¿cuál es el motor que lo impulsa?

-El juego. En este cuerpo adulto hay encerrado un niño que está todo el tiempo pujando por salir a jugar. Siempre me decían: “Ya estás grande para jugar, buscate una novia y dejate de joder”, me daban órdenes para dejar de hacer lo que más amaba que era jugar. Hoy juego y encima me pagan por eso. Sin duda, soy un privilegiado.

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