Tras la biografía definitiva de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Mariano del Mazo volvió a hacer lo propio con otra banda clave del rock nacional. La reseña de su nueva obra, en esta nota

“Cuando las luces se apagaron, con más torpeza tóxica que maldad, Charly García le tiró la batería al piso a Oscar Moro. ‘Te voy a matar, hijo de puta’, le dijo Moro y empezó a correrlo por el escenario a oscuras. De pronto encendieron las luces y quedaron expuestos ante decenas de miles de personas”, esta escena refleja lo que fue la vuelta de Serú Giran en 1992. Algo que por los comentarios de la época parece tener más asidero en lo económico que en darle una caricia artística al fan que asistió al show.

El rock, las bandas y las épocas que alumbraron los distintos periodos de ese movimiento, para poder entenderlos necesitan de alguien que sepa atar bien los hilos narrativos del cuentito. Para esta historia que primero va desde 1978 hasta 1982 y que, como se muestra más arriba, tiene su tragicómico final en 1992 en River, el guía va a ser Mariano del Mazo. El periodista – ¿especialista? ¿autorizado? No, mejor: apasionado por la música; lo otro suena muy encorsetado – llevó adelante un trabajo de varios años en el que se propone contar a una de las mejores bandas del rock argentino.

“Entre lujurias y represión. Serú Girán: la banda que lo cambió todo” es el título que eligió Del Mazo para acompañar las más de 230 páginas de un trabajo que revela la célula compositiva que se armó entre Charly García y David Lebón en Brasil y cómo eso fue llevando, entre viajes de ácido, alcohol y chapuzones en el mar, a que se integren Oscar Moro y Pedro Aznar. Todos alojados en una casita en Buzios, mientras Argentina se caía a pedazos por el terror militar y el barrido intelectual que eso empezaba a traer como coletazo. “El miedo era moneda corriente y hasta las mentes más lúcidas padecían daños colaterales de la época. La naturalización del estado de las cosas era como una muerte lenta”, dice el autor al comienzo.

Se tuvo que lidiar con la feroz dictadura del ’78 y convivir con un tejido social que dudaba entre aceptar lo que escuchaba (por ser “cheto y de clase media alta”) y navegar por un laberinto de confusiones. Si bien, como dice Del Mazo, García nunca fue un artista político sino un gran critico social, la ideología del rockero no dejaba de ser difusa. Por un lado eran criticados por los jóvenes militantes políticos que los acusaban de burgueses que escuchaban música extranjerizante, y, por el otro, por la derecha que los secuestraba y torturaba por creer que había vínculos con la militancia política.

Serú Giran componía en ese marco, pero supo cómo ingeniárselas para ir un paso más allá no solo musicalmente sino también en lo lírico. El mundo de las alegorías fue un estadio inalcanzable para los uniformados. Fue como un anthrax sin sobre. La cultura se contaminaba “ante la miopía de un poder más ocupado en exterminar gente que en analizar letras de jóvenes estrafalarios”. El cuarteto, quiérase o no, cambió las reglas del juego. No solo en la forma de componer sino en la manera en la que combinaron distintos sonidos, melodías y letras para sacar de la holgazanería a los escuchas.

Lo que tiene de interesante este libro, entre otras cosas, es que se enfoca en la historia del grupo y no solamente en Charly García. Es cierto que por una cuestión de obra (sobre todo a principios de los ’80), el talento del bigote bicolor se lo come todo, pero detrás de esta excursión que duró cuatro años y cuatro discos de estudio (“Serú Giran”, “La grasa de las capitales”, “Bicicleta” y “Peperina”), la fórmula de esta superbanda se compuso de cuatro integrantes, cada uno de ellos con distintos intereses y biografías. En eso indaga Del Mazo y aparecen datos de la banda que no se habían trabajado. Hay una documentación de testimonios y de detalles que para cualquier melómano va a ser de referencia obligada.

Del Mazo es inquieto y al igual que lo hizo en “Fuimos Reyes” (libro en coautoría con Pablo Perantuono donde se propusieron rastrear la huella del triunvirato integrado por el cantante Carlos Indio Solari, el guitarrista Eduardo Skay Beilinson y la manager Carmen Poli Castro, desde los orígenes hasta el último día) no parece querer cerrar los canales de la interpretación dando respuestas. Capítulo a capítulo se van desculando nuevas preguntas y las resuestas parecen llegar a una conclusión: que la historia de Serú Giran está en constante consonancia con el corazón popular.

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