El escritor explica por qué en "Los amantes bajo el danubio" no puso el acento en el argumento como había hecho siempre. Descubrimientos clave: el abuelo que salvó juios y el padre que conoció a los 18 años

E n su nueva novela, Los Amantes bajo el Danubio, Federico Andahazi ha decidido indagar en las cuestiones más elementales de la existencia humana en sus distintas facetas. Sentimientos como el amor, el miedo, la traición, el poder y el sexo son descritos con una gran profundidad, convirtiendo a esta novela en un punto de inflexión en la obra del autor de El Anatomista. "Lo particular de esta novela es que, a diferencia de las otras donde yo ponía el acento en el argumento, aquí trato de hilar mucho más fino en los sentimientos", señala el escritor.

La historia de Los Amantes bajo el Danubio surge a partir de personajes de la propia vida de Andahazi, quien se animó a convertir la historia de sus abuelos paternos en una obra literaria. El argumento se centra en Budapest en el año 1944 y comienza cuando Bora, teniente de reserva en la Primera Guerra Mundial, reconocido pintor y ex embajador húngaro en Turquía, atraviesa puestos de control en una Budapest sitiada por los alemanes con una pareja de judíos oculta en el baúl de su auto con el objetivo de refugiarlos en el sótano de su casa. Y con una particularidad: que esa pareja está conformada por Hanna, primera mujer de Bora, y por Andris, el hombre con quien ella lo engañó.

La complejidad de sentimientos que la situación provoca es el disparador de esta historia, que tiene el agregado de estar basada en personajes reales del pasado de Andahazi: Bora está inspirado en su abuelo paterno, quien fue reconocido por la DAIA por haber salvado a muchos judíos en Budapest.

l Siempre decís que te considerás un descubridor de personajes. En este caso, tu propio abuelo. ¿Cómo fue escribir una historia en base a eso?

-Mucho más difícil. Tal vez en este libro, esté el descubrimiento original que me despertó ese afán por salir a buscar los demás. Porque es hijo del descubrimiento más importante que me sucedió. Yo diría que esta novela se empieza a escribir en alguna parte entre el año '68 y '70. Mis padres estaban separados, a mi viejo no lo conocía, lo único que conocía de él era un libro que estaba en la biblioteca de mi familia materna. Dentro de ese libro había una foto del autor. Eso es todo lo que conocía de él.

l ¿Lo conociste?

-Sí, a los 18 años. Yo vivía en el centro y una noche iba caminando por Corrientes y Montevideo cuando veo a un tipo ahí con barba y con su pipa. Inmediatamente lo asocié con un escritor, y dije: "A este tipo lo conozco de algún lado". Entonces me acerco muy tímidamente y le pregunto: "¿Usted es Bela?". "Sí", me dice. "Ah, mucho gusto, yo soy Federico". "¿Qué Federico?". Y fue muy difícil explicarle quién era Federico. Siempre es muy difícil explicar quién es uno, más aún cuando tenés que explicarle esto a tu propio padre. A partir de ese momento establecimos una relación bastante sui generis, no podría decir paterno filiar porque la verdad es que nunca le pude decir "papá" porque no me surgía, pero fuimos muy amigos.

l ¿Cómo se convierte este encuentro en el puntapié inicial de la novela?

-Porque cuando vuelvo de ese encuentro con mi viejo, directamente voy a la biblioteca a agarrar el libro para volver a reconstruir la historia, y cuando abro la solapa se cae un recorte de un diario en el que figura que a mi abuelo le habían dado un reconocimiento en la DAIA por haber salvado judíos en Europa. Y claro, era mucho descubrimiento junto.

l ¿Por qué tardaste tanto tiempo en escribir esta historia?

-Creo que confluyeron tres elementos para poder escribirla. Primero, que la empecé a escribir alrededor de los 50, que es la edad en la que caés en la cuenta de que tenés que apurarte a dejar testimonio porque nunca se sabe después de los 50 si vas a tener tiempo o no. Segundo, que tengo hijos, con lo cual volvió mucho más enigmática mi relación con mi padre. Y después, el hecho de que mi padre haya muerto. Creo que no hubiera podido escribir esta novela con la mirada de mi viejo presente.

      Embed