En un nuevo aniversario de su fallecimiento, recorremos la biografía de un escritor que poseía una sensibilidad única y un estilo vanguardista que marcó a varias generaciones

El 25 de agosto de 1984, Truman Capote fue encontrado sin vida, a los 59 años, en la casa de una amiga. Aunque la versión oficial es que escritor falleció por causas naturales, debido a su adicción al alcohol y a las drogas, muchas crónicas de la época apuntaban a una sobredosis como el desencadenante de su muerte.

Capote murió tan solo como vivió. Desde chico, después que sus padres se divorciaran, cuando tenía tan solo 4 años, él empezó a pasar mucho tiempo sin compañía en la casa de unos familiares que se hacían cargo de su crianza. Para sobrellevar esos días de angustia, la escritura se convirtió en su mejor aliada.

No estaba en un ambiente literario ni se sentía atraído por una pluma en particular, pero no conocía una forma mejor de paliar el dolor. “Sólo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día, comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble, pero implacable amo", admitió.

Curiosamente, abandonó sus apellidos Streckfus Personsn, luego de que su madre se casara con un cubano llamado Joseph García Capote.

A los 17 años, decidido a convertirse en periodista, Truman deja sus estudios y no tarda en conseguir empleo en la prestigiosa revista The New Yorker, donde trabajó por cuatro años. Tras esa experiencia, consigue su primer gran reconocimiento: el Premio O’Henry por su relato titulado Miriam.

Con la atención de la crítica, Capote edita Otras voces, otros ámbitos(1948), una novela valiente en la que planteó abiertamente un tema tabú como la homosexualidad. reconocida por ser una de las primeras novelas que planteó abiertamente ese tema.

Su carrera seguiría con títulos notables que tendrían un destacado éxito editorial como Un árbol de noche y otros cuentos (1949), El arpa de hierba(1951), Se oyen las musas (1956) y Desayuno en Tiffany's(1958) -la cual fue llevada a la gran pantalla en 1961 por Blake Edwards-.

Una obra maestra que pronunció su soledad

Después de siete años en los que se investigó el violento asesinato a la familia Clutter en Holcomb (Kansas) y se involucró con los homicidas Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, el escrito sacó a la luz una de las grandes gemas del Nuevo Periodismo: A Sangre Fría (1966), una maravilla narrativa que describe un episodio real con las herramientas literarias.

Por esos años, el escritor no tenía pudor para hablar abiertamente sobre su sexualidad y sus adicciones. “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio", se autodefinió.

Tras ese éxito que vendió más de 300 mil ejemplares y aún se mantiene vigente como una lectura obligada para cualquier aspirante a periodista, la depresión fue inevitable. Capote culpaba al libro de todas sus adicciones y temores, sentía que ya no podría librarse de su propia sombra. “Casi me mata. Creo que, en cierto modo, me mató”, admitió.

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