-"Esto es lo que hice de mi vida", fue la lapidaria frase del ministro.
¿Qué le había pasado a este poderoso funcionario, para con la vista
extraviada, realizar semejante autocrítica existencial?
Tomás, su interlocutor, se quedó congelado. No es que él percibiera lo
contrario, sino que creía que estas personas que devenían en monstruos,
no tenían consciencia. Sin embargo, el comentario dejaba entrever lo
contrario.
Mientras miraba los ojos rojos que el ministro tenía producto del
cansancio y de la cocaína, Tomás se preguntó qué habría pasado para que
aquél señor hiciera de su vida semejante destrozo. Si bien era alguien
importante, rico y poderoso, estaba claro que no conocía la palabra paz.
Mucho menos, el sentido de las cosas.
¿Cómo era posible que hombres tan brillantes y con tanto carácter, pudieran extraviarse tanto?
¿Existiría tal cosa como un pacto con el Diablo? ¿Ese anhelo de los
hombres de lograr la cosas terrenales como fama, dinero, poder, a cambio
de entregar la vida eterna? Tomás se rió para sus adentros, ya que no
creía en el demonio ni tampoco en el paraíso. Ya bastante lo habían
torturado los curas de su colegio con aquellas teorías. Sin embargo,
podía percibir con claridad que existían personas que eran realmente
malignas. Y el ministro que tenía enfrente era uno de ellos.
Recordó que ese señor tan terrible, había sido seminarista. O sea que al
terminar su escuela secundaria había decidido consagrar su vida a Dios,
eligiendo ser sacerdote. Después de varios años de carrera y producto
de un enamoramiento fatal de quien sería su primera entre múltiples
esposas, había dejado el monasterio. Pero su abandono de la carrera
sacerdotal no había sido por malas razones ni había implicado un
declinar en su integridad.
¿Qué habría pasado entonces, para que un hombre como aquél se transformara en un ser como éste?
Para leer la historia completa clikea
en este link
Juan Tonelli
www.facebook.com/elpellizcowww.juantonelli.com
Twitter: juan_tonelli