La eliminación en la Copa Libertadores ante Independiente del Valle y el protagonismo internacional de River le habían creado a Boca la obligación de salir campeón. Esta presión extrema el equipo la absorbió con un equilibrio emocional valioso, aunque en el plano del funcionamiento no logró respuestas convincentes. Los cambios de jugadores. La influencia decisiva de Benedetto. La actitud colectiva.

Las obligaciones triunfalistas siempre formaron parte del fútbol. Por ejemplo, estar obligado a salir campeón. Aunque ningún equipo o selección pueda juramentar que va a lograr lo que el ambiente le exige.

Este Boca campeón parecía estar obligado a salir campeón, incluso antes de que arrancara el torneo hace casi un año. Esa presión tomó aun mayor vigor después de quedar eliminado en la semifinal de la Copa Libertadores frente a Independiente del Valle. Aquella gran frustración en La Bombonera ante un adversario sin pergaminos que precipitó las salidas fulminantes del club de Agustín Orión y el Cata Díaz, terminó acelerando todas las impaciencias y todas las demandas para el plantel y para la dupla técnica que integran Guillermo y Gustavo Barros Schelotto.

Ese número puesto que indicaba que Boca tenía que conquistar este campeonato de 30 fechas fue y es una mochila muy compleja de bancar para cualquier equipo. Es, en definitiva, el protagonismo del factor sicológico que por supuesto juega e influye de manera determinante en los rendimientos.

Observando como afrontó Boca esa circunstancia no deseada, quizás por allí pueda enfocarse una virtud significativa del equipo. Convivir con los viejos y nuevos fantasmas que imponen las obligaciones requiere de un equilibrio para estabilizar todos los contrapesos.

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Boca, en ese sentido, supo capturar un equilibrio valioso, aun en situaciones de alta dificultad. Como por ejemplo, después de la durísima derrota que padeció de local ante River en la recta final del torneo. Ese traspié (sin lugar a dudas el más preocupante para su futuro inmediato) en un momento clave del campeonato le generó dudas, inseguridades, replanteos tácticos, temores no revelados aunque sí evidentes , pero no lo volteó. No le bajó la guardia. Y la marcha errática y desconcertante de River luego de aquella victoria le fue allanando el camino hacia la consagración.

Es cierto que no encontró Boca durante la competencia el bien más preciado del fútbol de todos los tiempos: el bendito funcionamiento. El funcionamiento no es otra cosa que la identidad de cada equipo. Es la marca registrada que tiene y deja cada equipo. Boca no la pudo expresar, salvo en contadas oportunidades. Como en los últimos partidos que jugó Carlos Tevez para Boca a finales del año pasado.

Pero, en general, Boca con Tevez o sin él, no mostró un rasgo claro y preciso que lo identificara. Por eso Guillermo y Gustavo se permitieron algo nada habitual en un equipo puntero: desplazar jugadores de la titularidad, como ocurrió con todos los integrantes de la línea de fondo. Esa entrada y salida de jugadores, esa reformulación a la hora de defender y achicar los espacios, pone en primer plano la insatisfacción futbolística de los Barros Schelotto.

Es cierto que no encontró Boca durante la competencia el bien más preciado del fútbol de todos los tiempos: el bendito funcionamiento.

¿Qué hizo bien Boca para terminar obteniendo lo que obtuvo? Fue potente en ataque. El más potente, claramente, fue Darío Benedetto. Las apariciones explosivas y determinantes del punta que llegó a Boca proveniente del América de México (su pase costó 6 millones de dólares), resultaron fundamentales. En él Boca halló al delantero capaz de ganar partidos. Al delantero que no precisa que el equipo lo acompañe con una gran producción. Benedetto se encargó de atrapar un desequilibrio que incluso fue más allá de los goles que convirtió.

Las compañías de Benedetto (Pavón y Centurión en particular) fueron irregulares. Un partido muy bien. Al siguiente, discretos. Esa tendencia manifiesta a no dar señales de estabilidad, perfiló en Boca su inconstancia futbolística también vinculada a su zona de volantes. Su falta de certezas, en definitiva. Y esa sensación siempre intransferible de que nada estaba cerrado hasta que estuviera cerrado.

¿Qué hizo bien Boca para terminar obteniendo lo que obtuvo? Fue potente en ataque. El más potente, claramente, fue Darío Benedetto. Las apariciones explosivas y determinantes del punta que llegó a Boca proveniente del América de México (su pase costó 6 millones de dólares), resultaron fundamentales.

Que los adversarios de Boca se fueran cayendo sobre la marcha, no parece ser un mérito de Boca. Pero lo fue. Porque Boca, como señalamos antes, nunca se detuvo. Nunca se bajó. Y el campeonato que abrazó es un premio a esa actitud. Aunque no le haya sobrado nada.

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