Sumó tres puntos de oro en Banfield, y como Boca perdió, quedó solo en la punta del torneo. El team del Vasco metió el cuarto triunfo al hilo, está invicto, pero a pesar del campañón, sigue en descenso directo.
   ANUAR PECHE
Por trabajar el partido, por no bajar los brazos nunca, por ser paciente, por dejar el alma en cada pelota, Tigre sumó tres puntos de oro en Peña y Arenas, quedó solo en la punta del Clausura, no le pierde pisada a San Lorenzo (está a tres) en los promedios, pero por la victoria de Unión sigue en descenso directo. El Matador, que comenzó el torneo en el fondo de la zona roja, vive un momento impensado: metió su cuarta alegría consecutiva, está invicto, continúa en lo más alto del campeonato ya sin acompañantes (Boca perdió con Independiente), y engrosa fecha a fecha sus números, por eso la gente de Victoria, que ayer ovacionó al equipo del Vasco, se ilusiona: “Porque Tigre es de Primera, de Primera no se va”. Banfield, que espera por la asunción de su nuevo DT Eduardo Acevedo, sigue dando pena.
Los 45 minutos iniciales albergaron pura imprecisión, fricción y aburrimiento. El primer pantallazo del partido mostró dos equipos debatiendo con enormes ganas la tenencia de la pelota. Pero fue Banfield el que se quedó con ese privilegio, y a partir de ahí empezó a intentar, sin demasiadas ideas, aunque con convicción. Pero el tema fue que esa convicción, no estuvo acompañada ni de criterio ni de prolijidad, entonces, mientras esperó que surjan esas ideas -que después nunca vinieron-, optó por cortar a los que saben en Tigre: Morales y Román Martínez. El Taladro apretó tanto con Guillermo, Brum y Quinteros, que líricos de Victoria no pudieron hacer nada de lo suyo. Y vino el embole... Recién cuando Cachete Morales se tiró para la derecha, Tigre se hizo cargo del partido y hubo un poco de vértigo.
En esa levantada, el Matador pudo ponerse en ventaja, pero Román Martínez se lo perdió con todo el arco a su disposición tras un centro de Galmarini, en lo que fue la situación más peligrosa. Lo anterior y lo que vino después, no fueron más que “tiritos”. El complemento fue el tiempo del Matador. Tigre empezó a jugar a lo Tigre y la historia fue diferente. Morales encontró más libertad, Román Martínez estuvo más activo y con eso le alcanzó para manejar los hilos. A los 14, Galmarini avisó con derechazo endemoniado que pegó en el poste. Después Banfield entró en onda, y a los 26 generó una chance única, imperdible, pero Rodrigo López, con Javi García rendido en el piso, definió como un amateur. Y al rato se cumplió esa regla que dice que “los goles que no se hacen en el arco rival, se pagan en el propio”. El Matador volvió al ruedo, y a los 38, entre Castaño, Luna y Carrasco armaron una jugada colectiva bárbara, y Maggiolo la terminó perfecta. Tigre siguió dando cátedra de sacrificio, inteligencia, actitud, y a los 45, en una guapeada bárbara, el Chino Luna liquidó la historia. El Matador es el único líder, pero sigue en descenso directo.


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