Desgastada su imagen en Boca después de varias temporadas, arribó a Independiente y de inmediato pudo ofrecerle al equipo su visión de juego y esa capacidad reconocida para armar y aparecer libre en zona de definición 

¿Cuántos son los jugadores que frecuentan la zona de volantes y que tienen el fútbol que desarrolla Pablo Pérez? Pocos, muy pocos, sin ninguna duda. Cuando sostenemos que son pocos es una manera elíptica de plantear que el actual jugador de Independiente y ex volante de Boca y Newell’s, entre otros clubes, sabe algo esencial del fútbol: lo entiende.

Y como lo entiende, en esa vieja acepción que supo instalar el Flaco Menotti hace algunas décadas, lo interpreta con calidad. Porque tiene calidad. Lo denuncian sus movimientos en la cancha y su panorama circular a la hora de entregar la pelota a un compañero.

No es que descubramos ahora sus virtudes. Las tuvo siempre. Y las destacamos por encima de cierto descontrol emotivo que le costó demasiadas expulsiones durante su prolongada carrera.

Apenas Gabriel Milito asumió como entrenador de Independiente en los primeros días de julio de2016, quiso contar en el plantel con Pablo Pérez. La operación no pudo concretarse. Y siguió en Boca. El interés de Milito se terminó frustrando por una aparente cuestión económica que en realidad escondió otra razón fundamental: Boca no quería transferirle un jugador a Independiente.

La posibilidad se reabrió después de la derrota traumática de Boca frente a River en la final de la Copa Libertadores. Pérez se había convertido en un virtual chivo expiatorio por sus flojos rendimientos ante River en los dos encuentros y por la ascendencia que se le reconocía en el plantel.

Y Boca esta vez no hizo ningún esfuerzo por retenerlo. Es más: su partida se dibujó como una especie de alivio, considerando la despedida de los Barros Schelotto y la llegada del nuevo cuerpo técnico liderado por Gustavo Alfaro, quien no se opuso a la salida del volante que le permitía renovar el microclima del vestuario.

No sufrió Pérez ningún período de adaptación en Independiente que lo postergara, aunque él aclaró que “en principio no me sentía bien y el entrenador me sacaba porque no me veía bien”. Sin embargo, jugó y estuvo a la altura de las expectativas. Jugó, en general, en la medida de sus posibilidades para ser una pieza influyente del equipo que dirige el siempre dubitativo Ariel Holan.

¿Influyente en qué sentido? En la dimensión del juego. Por características técnicas y anímicas necesita entrar en permanente contacto con la pelota. Si participa de manera muy activa va ampliando su protagonismo en el partido. Porque tiene presencia en el campo. Y contempla dos perfiles no muy habituales en un volante: no le escapa a la recuperación efectiva de la pelota y conoce el secreto intransferible para combinar los tiempos y los espacios y llegar a posición de gol, como ya lo hizo en Independiente en dos oportunidades ante Vélez y Rosario Central. En ambos goles, yendo al encuentro de la pelota en el área chica adversaria.

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Esta versatilidad estratégica para circular lejos del arco ajeno en la progresión y en el armado de la jugada ofensiva y aparecer por sorpresa en los últimos metros para definir luego de un rebote o una habilitación profunda, no forman parte de maniobras ocasionales que se dan de tanto en tanto. Expresan en realidad su auténtica naturaleza futbolística. Y su búsqueda solidaria y generosa en el ida y vuelta.

Alguna vez, el Cholo Simeone en el marco de una entrevista para la revista El Gráfico nos preguntó por qué creíamos que hacía goles de cabeza. Y sin aguardar una respuesta, nos dijo con ese tono apresurado que tiene el técnico de Atlético Madrid: “Porque yo no espero la pelota. La voy a buscar. Aparezco desde atrás y sorprendo porque nadie me tiene asignado. Si no sorprendo, no cabeceo. Así hago algunos goles que de otra forma no podría hacer”.

El contexto que hace varios años aprovechaba Simeone es un contexto similar al que suele enfrentar Pérez. No está ahí esperando para resolver. Aparece. Llega. Y en algunos casos marca el pase picando vacío en diagonal como en el estupendo gol que le convirtió a Central el pasado domingo.

Sin certezas, porque el fútbol no las arroja, Pérez se asoma como una de las incorporaciones (está a préstamo durante 18 meses por un millón de dólares) más valiosas que consiguió Independiente. Por eso, si no lo persiguen las lesiones musculares y si se mantiene a distancia de las tarjetas amarillas y rojas, tiene recursos y talento para ser un jugador muy bien calificado en la estructura del equipo.

En eso, precisamente, en su calificación conceptual, saca ventajas: sabe mirar, sabe elegir. Y sabe acompañar o protagonizar la jugada. Una síntesis que lo identifica.

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