En el marco de las urgencias, Argentina elaboró su mejor producción en la Copa América, clasificó a cuartos y conquistó frente a Qatar una victoria que aún sin una producción estelar de Messi, tuvo recursos y buen fútbol e instaló la ilusión de un crecimiento.

Dos lecturas. La primera, Argentina jugó el mejor partido bajo la conducción de Lionel Scaloni y pudo haber liquidado el encuentro frente a Qatar por 4 o 5 goles. La segunda, a pesar del rendimiento discreto de Messi, Argentina elaboró juego, tuvo recursos colectivos para ser muy superior a un rival al que redujo al rol de partenaire y fabricó durante el desarrollo lo que no había fabricado ni en la caída ante Colombia ni en el empate con Paraguay.

Por eso dio un valioso paso adelante en medio de la tormenta que la venía persiguiendo desde el mismo arranque de la Copa América, cuando aparecía desconcertada y al borde del nocaut. Si dejó algo en claro la presentación frente a Qatar, fue que esta Selección necesita jugar a partir de la posesión de la pelota. Cuando la tiene, como la tuvo por lo menos en 70 de los 90 minutos, se fortalece en la progresión de la jugada. Y crece en posibilidades, en confianza, en soltura y en rendimientos individuales.

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Pero cuando la pierde, delata que esa sensación de tener el partido bajo control, se diluye y resigna seguridades. Se comprobó en la segunda mitad del primer tiempo, cuando Qatar intentó y por pasajes logró manejar la pelota. Allí, Argentina, reveló sus inconsistencias. Como si le costara demasiado ordenarse y organizarse para defender y cubrir los espacios. Esa falta de coordinación cuando la iniciativa es ajena expresa que es un equipo que en cualquier momento puede quedar partido al medio, en la medida en que le saquen la pelota.

Qatar comprometió poco y nada a la Selección, pero con algunas aproximaciones en la primera etapa, desnudó todo lo que le cuesta a Argentina saber protegerse. No porque no existan esfuerzos, energías y actitudes para ganar la pelota, sino porque el foco conceptual de la Selección está puesto en la tenencia.

Las características de los volantes que eligió Scaloni lo revela. Son volantes de distribución. De armado. De toque y salida. Como Lo Celso (otra vez muy flojo, demorando los tiempos de la entrega y luego reemplazado por Acuña), Paredes de muy buen partido y De Paul, otro destacado e influyente a la hora de pasarla y volver a mostrarse siendo muy participativo, esta vez volcado sobre la franja derecha.

Esta vinculación de Argentina para funcionar a favor de la pelota, es la prioridad estilística de Scaloni. Es lo que él quiere, aunque contra Colombia y Paraguay pudo lograrlo en breves pasajes. Se podrá estar de acuerdo o no con el esbozo de esta idea, pero por lo menos el equipo ante Qatar mostró ese perfil futbolístico, parándose en la cancha en campo adversario, buscando armonizar sin despachar bochazos inútiles.

A la idea expuesta en un encuentro decisivo que en los papeles podía agredir de contraataque, le falta la segunda parte: conservar la serenidad y el equilibrio cuando está obligado a retroceder y no perder el dominio del partido, aunque la pelota la tengan los de enfrente.

Igual, el crecimiento que experimentó Argentina en relación a sus producciones anteriores, fue evidente. Lo sugestivo es que creció sin contar con un Messi en estado de gracia. Porque Messi no encarnó el desequilibrio ofensivo. No estuvo fino. Eso sí: estuvo activo en todos los momentos del equipo. Activo con y sin la pelota. Pero no gravitó a la altura de sus antecedentes. No fue claro, más allá de algunas habilitaciones profundas, en especial en el complemento cuando Argentina monopolizó la pelota y las situaciones de gol hasta cerrar todo con un 2-0 que fue poco generoso en relación a las diferencias que se establecieron en los dos tiempos.

Este Messi alejado de los brillos, de la contundencia y de la gran elaboración, sin embargo es un factor que el entrenador debería interpretar con inteligencia. Porque en esta oportunidad Messi no fue el termómetro de Argentina. Y Argentina, en general, jugó bien. Trascendiendo el aporte de Messi. No deja de ser una buena noticia. No porque no tendría que ser decisivo. Lo es. Pero el hecho de que no la haya descosido y la Selección supo afirmarse e incorporar una dosis de fútbol que no venía ofreciendo, es un episodio para rescatar.

El triunfo clasificatorio a los cuartos de final de la Copa América (enfrentará el viernes a Venezuela en el Maracaná de Río de Janeiro) dejó un saldo que hasta quizás puede elevarse por encima del resultado. No para hablar de plenitudes que no existen. Ni de funcionamientos hallados a la vuelta de la esquina.

Es la mejoría de un paciente que se encontraba con pronóstico reservado. El paciente evolucionó de manera favorable. Tendría que seguir por el camino que transitó contra Qatar. Aunque todas las selecciones no son Qatar

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