A pesar de sus buenos rendimientos, el técnico de Independiente no tiene una alta consideración sobre el ex volante de Boca y Newell's, al que prefiere como una alternativa de cambio y no como una posibilidad desde el arranque

¿Por qué Sebastián Beccacece expresó en sus decisiones que prefería al errático y abúlico Pablo Hernández (sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda y tendrá una larga recuperación), desplazando a Pablo Pérez al banco de suplentes, como por ejemplo lo hizo en el agónico 2-1 ante Independiente del Valle por los cuartos de final de la Copa Sudamericana?

En el arranque del segundo tiempo, Pérez, de muy buena producción, ingresó por el lesionado Hernández y le dio al equipo la cuota de agresividad futbolística, llegada a posiciones de gol y pase ofensivo que el equipo venía demandando.

No es la primera vez que el entrenador de Independiente posterga a Pérez para confirmar como titular a Hernández. La pregunta es simple: ¿qué le veía a Hernández, de paupérrimos rendimientos en Independiente desde que llegó al club hace poco más de un año?

Porque nunca logró conquistar un nivel importante el jugador tucumano nacionalizado chileno, al que Beccacece conoce muy bien porque formó parte del plantel cuando Jorge Sampaoli dirigió a la selección trasandina y él era su principal colaborador.

Por supuesto que sería banalizar el tema plantear que Beccacece tiene una debilidad por Hernández, fruto de una relación profesional pasada. La realidad es que Hernández no le ha aportado nada valioso ni sustantivo a Independiente, más allá de alguna pelota bien puesta en medio de la intrascendencia que lo invadía con una frecuencia apabullante.

No advertir la mediocridad que venía expresando Hernández en Independiente no es una cuestión que solo pueden interpretar los grandes conocedores del juego. No se precisa tener la mirada total del fútbol como la tuvo ese supercrack que fue Johan Cruyff para darse cuenta que, en general, sus participaciones fueron de muy baja densidad y contenido.

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Sin embargo, Beccacece lo eligió como titular por encima de Pérez, aunque con su presencia, Independiente gane un jugador que toma iniciativas en favor del equipo, tanto en campo propio como ajeno. No es que afirmamos que Pérez es un fenómeno que en todos los partidos hace la diferencia. Sostenemos que la función que cumplía Hernández, Pérez la ejecuta muchísimo mejor. Por recorrido, por entrega, por actitud y sobre todo, por su capacidad para elaborar y arribar a zonas de definición, apareciendo por sorpresa y llegando casi hasta debajo del arco.

Alguna vez en tono informal a ese gran tipo y estupendo técnico que fue y es José Yudica le preguntamos cómo identifica a un entrenador cuando se equivoca. La respuesta fue contundente y lapidaria: “Porque saca al que mejor juega. Y deja en la cancha al que lo hace mal”.

La observación muy filosa que Yudica nos regaló, también nos acerca a este caso. Porque seguramente Beccacece actúa de buena fe. Esto se descuenta. El problema a la hora de elegir uno u otro, no es solo de gustos y sensibilidades futbolísticas. Todos tenemos paladares distintos. El problema es de ofertas de juego. De niveles de productividad y eficacia.

En este rubro esencial, Pérez supera ampliamente a Hernández. Lo supera en el retroceso y en el ataque. Va y regresa Pérez con un ritmo que delata compromiso para defender los espacios y para acompañar después la progresión ofensiva. Contagia. Transmite. ¿Qué contagiaba y transmitía Hernández, al que por supuesto le deseamos una recuperación efectiva y plena? Una displicencia difícil de tolerar. Solía borrarse por largos pasajes de los desarrollos de los partidos, aunque con Beccacece se lo notó un poco más activo que en la etapa anterior con Ariel Holan, cuando directamente paseaba por la cancha.

Lo que está claro es que estaba obligado a remarla desde atrás Pablo Pérez. Tenía y tiene que convencer todos los días a Beccacece sobre la calidad de sus argumentos. Hernández, trascendiendo la rotura de ligamentos que el martes padeció, arrancó con ventaja en este nuevo ciclo. La ventaja indudable que le dio el entrenador a pesar de las evidencias inocultables que pueden distorsionarse en virtud de las miradas y las lecturas personales.

Es verdad, en el fútbol no hay nada que no pueda modificarse. Ni el pensamiento de un técnico respecto a un jugador. Hay ejemplos en todas las direcciones. Beccacece quería a Hernández (con varios antecedentes de lesiones severas) y relegaba a Pérez.

Un imprevisto accidente futbolístico ubica hoy al ex volante de Boca y Newell’s como titular. Un momento muy delicado. Una situación compleja. El fútbol siempre convivió con estos episodios. Hernández los tiene que afrontar. Pablo Pérez, en otro escenario, también.

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