Tenía que mostrar Argentina una versión que reconfirmara algo de lo que había insinuado ante Qatar y lo hizo ante Venezuela imponiéndose en el plano del juego y de una actitud aguerrida y solidaria para abordar un partido decisivo

Sigue creciendo la Selección. Como ya lo había anunciado en el 2-0 frente a Qatar. Y crece desde el plano futbolístico y anímico. Crece en resultados y en juego. No porque en la victoria en cuartos de final por 2-0 ante Venezuela haya denunciado un nivel individual y colectivo estupendo. No, eso no se produjo. Pero el equipo, aún sin contar con un Messi desequilibrante (el presente del astro del Barcelona es un tema que vale la pena encarar), mostró signos evidentes de superación que plasmó en el Maracaná, esperando en la próxima parada a Brasil en Belo Horizonte.

¿Cuáles son esos signos? La conformación de un equipo más aguerrido, más templado, más convencido, más suelto y más dispuesto a jugar aceptablemente bien con y sin la pelota. Sosteníamos luego del 2-0 a Qatar que la Selección padecía no manejar la pelota. Porque se dejaba ganar por cierto desorden que la exponía a zonas peligrosas.

Contra Venezuela hubo lapsos en que no controló la pelota, en especial durante el complemento. Y aunque tuvo el muy buen respaldo de Armani en su mejor partido con la camiseta nacional y a una línea de fondo que se alejó de la fragilidad (Otamendi se destacó por su firmeza), encontró solidaridades efectivas en toda la geografía de la cancha. Esa solidaridad y compromiso para auxiliar a un compañero en situación de desventaja, quizás revela un perfil más sólido de Argentina. Un perfil que lo fue construyendo en la Copa América, después de la caída inicial ante Colombia, cuando arreciaban las luces rojas.

Se fue armando sobre la marcha la Selección. Nada como para tirar manteca al techo, pero valiosa en términos de futuro inmediato. En esta reformulación que el entrenador Lionel Scaloni fue haciendo en plena competencia (con los ingresos de De Paul, Acuña y la doble punta de Lautaro Martínez y Agüero, más Foyth sobre el lateral derecho de la defensa), se fortaleció el equipo.

Por eso aquel paso adelante que experimentó con Qatar cuando minimizó a un rival que venía dando buenas señales, tuvo frente a Venezuela una confirmación auspiciosa. Por la circulación y el toque prudente de Paredes. Por el ritmo que es capaz de imprimir De Paul en un ida y vuelta muy generoso. Por la participación que expresa Acuña. Por la polenta de Lautaro Martínez para ir a todas y ganar varias, como en el golazo de taco que convirtió. Por el juego de menor a mayor que expuso Agüero, aun muy lejos de romperla. Pero siempre activo, peligroso y copartícipe de los dos goles que conquistó Argentina.

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¿Y Messi? Necesariamente hay que volver sobre Messi. Otra vez lo suyo fue discreto. Como si le costara demasiado imponerse en el uno contra uno. En ese uno contra uno en que Messi suele ser demoledor. Sin embargo le falta el arranque. El cambio de ritmo después del amague. Por eso parece que pasa y no pasa. Se la sacan. Se la tocan. Se la roban. Y no completa la maniobra. No la cierra como debería cerrarla un jugador de su dimensión.

¿Qué le pasa a Messi? No da la sensación de estar bien físicamente. Da la sensación de que no tiene piernas para acelerar y meter la quinta velocidad que le sirvió durante su extraordinaria carrera para desparramar adversarios por el piso. Ahora esos flashes no los produce. Encara y pierde más de lo que gana. ¿Rastros visibles de la extenuante temporada europea? Es muy probable.

Y es interesante detenerse en este episodio de Messi sin brillos, para valorar el rendimiento general de la Selección. Ya ocurrió más o menos lo mismo con Qatar. Con un Messi apagado, Argentina logró trascender su influencia. Ante Venezuela, se manifestó algo muy similar. No la descosió Messi y Argentina superó las deudas de su capitán.

Nunca fue habitual un buen comportamiento de la Selección cuando Messi no tenía apariciones determinantes. Ahora se notó un respaldo colectivo. El equipo ayuda a Messi. Y lo ayuda sin depender de su genio. O dependiendo menos que antes. Este dato positivo no puede subestimarse. Y creemos que los compañeros de Messi lo deben considerar seriamente. Igual que Scaloni y sus colaboradores.

¿Entonces se está formando un equipo? En todo caso se está formando algo que hasta hace muy poco tiempo no existía. Son señales a favor que hay que anotar. Y elogiar. No con exageraciones imprudentes. Pero poniendo en foco lo que señalamos en las primeras líneas: el crecimiento de la Selección.

Esto es lo más importante. Porque no ganó de casualidad Argentina. Ganó porque fue mejor que Venezuela, a pesar de ciertos altibajos que los fue compensando. El saldo que le quedó en la cuenta lo invita a soñar, aunque Brasil, en teoría, es el favorito.

Decíamos que el equipo ayudó a Messi. Contra Brasil, Messi también deberá ayudar más al equipo, jugando en función de su calidad. Lo precisa a pleno la Selección. Para tener mayores chances. Y para esperar lo que todavía no se vio.

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