Ya no importa si uno se encuentra en Jujuy o Mendoza, Corrientes o Tucumán, Capital Federal o el Gran Buenos Aires. Por todo el país políticos, educadores, padres y comerciantes se ven involucrados en una problemática que hasta hace unos años ni imaginaban enfrentar: la de los chicos y adolescentes que por unos pocos centavos acceden a los “ciber”. Hace pocos días, un local en el barrio porteño de Palermo fue clausurado tras comprobarse que cuatro chicos, a la salida del colegio, miraban una película pornográfica en una de las computadoras allí instaladas. El mes pasado, en la ciudad jujeña de Libertador General San Martín, el propietario de un “ciber”, mayor de edad, fue detenido por agentes de la Dirección de Investigaciones y puesto a disposición de la Justicia, por hallarse involucrado en hechos relacionados a la pornografía infantil.
“Bulimia tecnológica”
Los hechos son sólo dos muestras de un fenómeno que ya no respeta límites geográficos. La preocupación es recurrente en distintos puntos de la Argentina: las regulaciones sobre los “ciber” comenzaron a proliferar en los últimos años pero sigue siendo difícil el control efectivo de los locales que ofrecen acceso a Internet y donde aún es posible -en muchos casos- experimentar sin restricciones una escena de sexo explícito o de violencia. Para Mariano Narodowski, coordinador de la especialización en Políticas Educativas de la Universidad Di Tella, los adultos aún no comprenden cuál es la mejor forma de encarar la “bulimia tecnológica”, que comenzó a afectar a las distintas sociedades a partir del impacto de la globalización.
La sospecha
“El cambio tecnológico fue tan violento, que ahora los más jóvenes están en mejores condiciones para operar los nuevos dispositivos, ya que fueron educados en ellos. Los adultos tienen que reconocer esta asimetría y pensar nuevas estrategias”, explicó. Para el experto, “el Estado tiene que tener una actitud más flexible e inteligente porque no se puede censurar cibercafés como antes se censuraban libros: es imposible inspeccionar miles de computadoras”. ¿Cuál es el “antídoto” entonces?: Narodowski propone “generalizar la sospecha, enseñarles a nuestros hijos y alumnos a sospechar, a que tengan una visión de sospecha constante respecto de lo que se les ofrece”.
Estudio de los usos
Un primer paso en esta línea parece haberlo adoptado la comuna de Godoy Cruz, en Mendoza. Allí se aprobó una de las tantas normas que regulan el funcionamiento de los “ciber”, pero con una particularidad: la Dirección de Cultura local prevé realizar un estudio de los usos de Internet y de esta manera educar a los jóvenes sobre el “buen uso” de la red. Es decir, las autoridades no se centraron sólo en el control, sino que fueron más allá y avanzaron con la intención de diseñar una política educativa de prevención sobre el mal uso de la red. Una característica saliente más: la comuna le canjeará a los “ciber” el pago de tasas de comercio municipales por horas gratuitas de Internet, destinadas a la capacitación y desarrollo de proyectos escolares en los colegios de Godoy Cruz. “Un punto central para poder enfrentar este problema desde lo educativo es que faltan computadoras. Los gobiernos le echan las culpa a los docentes que no están capacitados pero las escuelas públicas y muchas privadas no tienen computadoras. La única forma de procesare estos nuevos desafíos es con las máquinas adelante”, consideró al respecto Narodowski.

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