A 37 años de la guerra de Malvinas, distintos objetos como cascos, cartas y hasta una trompeta regresan a las vidas de los ex combatientes y sus familias, y ayudan en el proceso de mitigar las heridas psicológicas

A 37 años de la guerra de Malvinas, distintos objetos como cascos, cartas, historietas y hasta una trompeta regresan a las vidas de los ex combatientes y sus familias, y ayudan en el proceso de mitigar las heridas psicológicas y el estrés postraumático que les produjo el conflicto de 1982.

“Las cosas no son lo que son, sino lo que uno significa que sean. El hecho de encontrarse con un objeto reedita la situación vivida en el momento de la guerra. Rencontrarse con ese elemento es encontrarse consigo mismo”, explicó el doctor en psicología Alberto Dupen, que se especializa en la atención de ex combatientes y veteranos de guerra.

“El problema en los veteranos no es lo que dicen sino lo que no dicen. 37 años después vuelven a vivir todos los días la guerra”, indica Dupen, que integró el Plan de Asistencia en la Salud Mental al Veterano de Guerra que realiza el PAMI, orientado al tratamiento del trastorno de estrés postraumático.

La historia conocida más recientemente fue la del ex combatiente Jorge Alberto ‘Beto’ Altieri, quien recuperó a principios de marzo el casco que le salvó la vida en la batalla de Monte Longdon, luego de que fuera retirado de una subasta en Londres.

“Tener el casco conmigo este próximo 2 de abril será una emoción muy grande. Es parte de la historia y me traerá el recuerdo de los compañeros que murieron y quedaron allá”, cuenta ‘Beto’, y anticipa que participará de una vigilia y un acto en la provincia de Jujuy, donde se reencontrará con veteranos que no ve hace 37 años.

El ex combatiente, que vive en Lanús, venía luchando hace cuatro años para recuperar el casco, cuando un amigo le avisó que estaba en una subasta en Internet en Londres. Pudo reconocerlo a través de las fotos en las que se veía el agujero de la esquirla y la etiqueta que Altieri había puesto con su nombre y regimiento del lado de adentro.

“Recuperar el casco que le salvó la vida es volver a esa situación límite. El casco pasa a ser como una madre, alguien que estaba a su lado como su protección. Se humaniza el objeto y se entabla un diálogo con él. Es encontrarse con ese alguien que en la adversidad estaba con él”, explica el psicólogo Dupen.

En otro caso conocido hace pocas semanas, una trompeta utilizada por el cabo primero de música, Omar René Tabarez, en distintos momentos de la guerra fue reintegrada a su dueño en 2010 y sonó en Malvinas nuevamente el pasado 13 de marzo, en el marco del viaje humanitario que realizó un grupo de familiares al cementerio de Darwin.

“Este 2 de abril será muy especial. Todavía estoy recuperándome del viaje porque me afectó mucho la parte emotiva y tuve algunos problemas de salud”, cuenta Omar, que el martes estará en Paraná, invitado por la municipalidad local, recorriendo escuelas y en actos oficiales.

También para los familiares de ex combatientes recibir un objeto que perteneció a su ser querido muerto en la guerra tiene muchas resonancias internas. A partir del proyecto humanitario que permitió hasta el momento la identificación de 112 soldados en el cementerio de Darwin, a muchos padres, madres y hermanos les fueron devueltos objetos como medallas, cadenas, documentos y hasta cartas escritas en 1982.

“Los familiares también humanizan esos objetos, que se convierten en algo sagrado, en algo simbólico en la vida de sus familias”, aseveró Dupen.

Otro objeto que fue recuperado recientemente de las islas será exhibido -desde el 2 de abril- en una muestra en el Museo Malvinas, que funciona en el predio de la ex Esma: se trata de una historieta que los soldados argentinos leyeron en una de las últimas batallas de la guerra.

El comic -que el historietista Gerardo Canelo hizo en los años ‘70 para la revista Fantasía, de la editorial Columba- fue encontrada en diciembre del año pasado en un bunker de Tumbledown por el ex legislador porteño Carlos Maslaton y la abogada Gisela Candarle, que estaban de viaje en las islas.

“A partir de esa historieta armamos una muestra que hace referencia a lo que los soldados leían durante el conflicto en sus momentos de descanso o calma en el frente”, explica el director del museo, Gustavo Alvarez Rodríguez.

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