Aunque se jubiló hace un cuarto de siglo, sigue siendo médico honorario del Tornú, y fuera del hospital se preocupa para que a los integrantes del centro de la tercera edad que preside no les falten remedios.
La entrevista toma por sorpresa al doctor Alfredo Gagliardi, quien el martes cumplirá 90 vitales
años, cuando el que llega es un periodista y no el paciente que esperaba fuera del horario habitual
que despliega martes y jueves, de 7 a 10, como consultor honorario de Neumonología en el Hospital Tornú.

Ese centro asistencial es clave en su vida de la cual le dio 65 años desde el día que ingresó como practicante en 1948, tras sus comienzos en el Hospital Ramos Mejía.

Vital, profundo y con extrema humildad, a Gagliardi le interesa poco que se conozca su otro costado
no profesional, el que lo vincula conel centro de jubilados que preside en su barrio natal, Villa del Parque, donde todas las semanas arma los listados de remedios que gracias alas muestras gratis que recibe y en algunos casos gestiona, y luego reparte entre los asociados a la entidad con dificultades para comprarlos.

"Eso no interesa, lo hago porque puedo hacerlo", aseveró enérgico a HISTORIAS DE VIDA al término
de su jornada en el Tornú, donde en 2010 fue elegido por sus pares médico del año, distinción reconocida también por la Academia Nacional de Medicina.

Es que este médico de experiencia tiene una formación producto de años de estudio y trabajo junto a destacados maestros del arte de curar de los que guarda un recuerdo imborrable. Pero en su memoria prodigiosa también hay lugar para quienes también terciaron en su manera de ser, que se vislumbra hoy en el perfil solidario hacia los como él también jubilados.

De chiquito, una vez que su padre estuvo muy enfermo y sin poder trabajar, dos comerciantes del barrio lo marcaron para siempre ya que hicieron lo imposible para evitar que el hogar donde vivían seis niños padeciera necesidades. Y así como hoy rememora a sus mentores en medicina como los doctores Delfo Del Valle y Rodolfo Pizarro, también referencia al panadero Ismael Tocallino y al almacenero Francisco Crespi, que dijeron presente en momentos difíciles allá por los años 30.

Mi hijo el doctor

Don Domingo quería que uno de sus hijos fueran médico, aunque en realidad lo serían dos, Alfredo y su hermano Ricardo. "Un día -subrayó- mi padre mandó a preguntarle a mi maestro de sexto grado si yo servía para el estudio" y el docente no solo contestó que sí, sino que lo preparó para el ingreso al Nacional Pueyrredón.

Aunque no era fácil estudiar en aquellos tiempos, Gagliardi se convirtió en el primer profesional de la familia y de allí desarrollar una carrera en el Tornú que lo llevó en apenas 7 años a convertirse de practicante en jefe de departamento.

Mientras con orgullo su hijo Norberto Gabriel, que es jefe de servicio Fisioterapia del Hospital Roca,
asegura con la misma humildad paterna que en su caso "es tan solo una mala copia de su padre", Gagliardi aporta que los hermanos de su primogénito son ingeniero, terapeuta físico y maestro de escuela, ratificando un mandato con inocultable ADN de don Domingo.

Con estos recuerdos latentes, el martes Gagliardi repasará los valores ejercidos en sus intensos 90 años y tendrá vivo el legado de los maestros que lo hicieron un médico excepcional, sin olvidarse de las inestimables lecciones del panadero y el almacenero que le enseñaron las claves de la solidaridad .

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