La galera dorada y el chaleco brillante lucen de una manera singular en la pequeña de 11 años que, sobre el escenario, realiza rutinas de magia, canta y hace acrobacias circenses. Aplausos y carcajadas acompañan esos números que lejos de ser un juego infantil, se convierten en una expresión profesional de la niña a la que muchos magos adultos destacan por sus condiciones.
Carola Scialabba es "La Maga Caro", una niña que en marzo comenzará el secundario en la escuela José Manuel Estrada, en Berazategui, pero que un mes antes participará en Montevideo de un congreso de magos y al que irá confiada porque el número que desarrollará tiene grandes chances de quedarse con el primer puesto de la categoría juvenil del certamen de magia que se realizará en paralelo al cónclave."Quiero obtener el primer premio en el FLASOMA -el congreso de la Federación Latinoamericana de Sociedades Mágicas- que se realizará del 4 al 8 de febrero y para eso estoy preparando una rutina de ocho minutos en la que aplico trece técnicas diferentes".
Para ser aceptada en ese concurso, Carola obtuvo en el aval de la Entidad Mágica Argentina, de la que es socia y asiste a sus reuniones semanales que comparte con otros magos profesionales. El vínculo de la nena con la magia comenzó cuando hace tres años, en el Centro Cultural El Patio, de Berazategui, donde asistía para tomar clases de piano, vio un anuncio de cursos para magos en una cartelera.La curiosidad, animada por la sensación que eso era algo que la iba a atrapar, hizo el resto. Ya nunca más se apartó de ese mundo donde la capacidad de ilusionar y sorprender con cada pase componen una clave de vida.
Marcela y Adrián, sus padres, nunca pusieron obstáculos para que Caro se acercara cada vez más a la magia. Para colmo, la chica brillaba en la escuela y ese buen rendimiento le reportaba un gran beneficio: tener más tiempo para ensayar trucos y practicar rutinas."Mi primer maestro cuando tenía 8 años fue, en el centro cultural, el mago Charly Vuoso" recordó la niña que cuando quiso lograr una formación más acabada se encontró con el límite de su edad: las escuelas de magia sólo aceptaban aspirantes mayores de 13.
Pero hasta que el mago Marcelo Insúa le permitiera participar en sus cursos aun con una edad menor a la del común de los aprendices, Caro pasó un año y medio en el que leyó libros de magia, vio videos y hasta asistió a conferencias brindadas por ilusionistas.
De a poco la maguita fue ganando firmeza en el rubro y empezó a animarse a presentaciones en público. Es así que en los últimos cuatro años sumó unos cincuenta espectáculos solidarios y otros tantos shows privados.
"No me gusta usar capa o la galera tradicional porque a eso es de mago clásico y yo quiero hacer otra cosa", afirmó con convicción Carola, que a veces siente que sus compañeros de escuela la ven como una "piba rara" que no va en la línea de One Direction ni Violetta seguida por sus pares, porque lo suyo es la magia.
A tal punto que todas las tardes destina unas dos horas a perfeccionar los pases con barajas de póker y dados en la actividad que para Carola nunca fue un divertimento pasajero sino un puente mágico que la lleva de a poco a su anhelo de ser grande sobre un escenario.