Los vecinos reconocen su casa como la de los swingers, a partir de la decisión adoptada hace 25 años junto a su esposa de recorrer el camino del intercambio de parejas y la divulgación de esta práctica

La mirada indiscreta de un par de vecinos se posa sobre la fotógrafa y el periodista que tocan timbre en la que los habitantes de la cuadra reconocen como la casa de los swingers. Su propietario, Daniel Bracamonte, sabe que esa situación suele repetirse toda vez que una pareja se acerca a su vivienda porque su filosofía parte en no esconder nada y admitir su vínculo directo con la sexualidad alternativa, de la que se hizo cultor y especialista.

Todo comenzó el día en que Bracamonte, que se desempañaba como periodista en una radioemisora abordando todo tipo de información, cubrió una nota del movimiento swinger, algo que para su concepción de hombre posesivo y celoso como era por entonces, resultaba una experiencia con la cual sus principios podían entrar en virulenta colisión. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario.

Daniel, hoy de 58 años, se volcó directamente sobre esa práctica sexual en la que se comparten las parejas, con el consentimiento de su esposa Beatriz, que lo acompaña en la determinación adoptada hace casi 25 años, cuando llevaban 12 de casados y los dos hijos de ambos eran adolescentes a los que hubo que explicarles con paciencia la manera en que sus padres entendían el sexo.

"Eso no fue sencillo pero los chicos lo entendieron y es el día de hoy en que con la nena y el nene, de 33 y 34 años, que no son swingers, mantenemos una relación normal", apuntó Bracamonte a HISTORIAS DE VIDA.

Con el tiempo, Daniel fue compenetrándose en el camino que había tomado y sin abandonar su rol de periodista, incursionó en la especialización de sexualidad alternativa, por lo que terminó siendo editor de revistas eróticas y de la principal publicación para el público swinger, 'Entre Nosotros', que se mantiene desde hace dos décadas sin dejar un solo mes de salir a la calle.

"Ahora nos estamos ajustándonos a los tiempos que corren y pasamos la publicación papel a un formato digital", explicó quien fue el web master de la primera página swinger en Latinoamérica.

La actual versión del Bracamonte sereno y relajado en el sillón del living de su casa, contrarresta de la del hippie que fue cuando tenía 13 años, lo que le valió tener enormes diferencias con las autoridades policiales del barrio, el mismo que habita desde que nació. Más tarde militó en la izquierda al punto que debió entrar en la clandestinidad para mantenerse a salvo del aparato represor de la dictadura y hasta fue testigo directo en los 90, en Moscú, donde vivió un año por un intercambio cultural, de cómo se desmembraba la ex URSS.

Siempre rebelde

"He sido rebelde y en todo caso ser swinger también es un acto de rebeldía", expresó quien se define como un hombre 'siempre ligado a causas en las que terminaba en minoría".

Respecto a su 'doble identidad', como plantea su rol de investigador y militante de la sexualidad alternativa, Daniel sostiene que "en la libertad sexual la persona aprende a reconocerse plenamente, algo que no ocurre cuando se incursiona en la sexualidad clásica".

En el barrio saben quién es porque desde que tomó la determinación junto a su esposa de blanquear el deseo dentro de la pareja, no ha dejado de hacer pública su convicción sexual. "Claro que saben, si dicen que esta es la casa de los swingers", acota. De hecho algunos vecinos, afirma, "son matrimonios cómplices en lo que hacemos que comparten su sexualidad con nosotros".

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