La actriz que vivió más de la mitad de su vida en Israel es dueña de una experiencia increíble que plasmó en un unipersonal que pone en escena en su casa de la avenida Las Heras, en Palermo.

Todos los domingos, en el living de su casa, la actriz Tuchi Rottemberg pone en escena para un reducido número de asistentes una obra de teatro en la que cuenta una extraordinaria historia de amor, desarraigo y reencuentro que no es otra que la de su propia vida.

Tuchi, un torbellino de simpatía y energía vital, decidió el año pasado ante la ausencia de propuestas teatrales instrumentar la idea original de montar el teatro en su propia casa de Palermo donde hoy ofrece “El aroma del anís”, un texto nacido de un cuento de su autoría inspirado en su increíble experiencia sentimental digna de la ficción romántica.

Para la impulsar la iniciativa Tuchi prefirió no molestar mucho a su célebre sobrino el empresario teatral Carlos Rottemberg, sino que se las ingenió a fuerza de sacrificio para montar la obra que, como dijo a HISTORIAS DE VIDA, “logra emocionar al público” .

Los motivos de esa sensación nacen en el relato de esta mujer que hace seis años está de vuelta en el país, tras haber vivido la mayor parte de su vida en Israel, el país al que su padre la envió a poco de enviudar.

“Papá quiso después de la muerte de mamá que yo, que tenía por entonces 15 años, fuera a formarme a un internado allá en Israel, a donde viajé sola en barco”
, puntualizó.

Ese desarraigo se extendió por años ya que cuando Tuchi terminó sus estudios ingresó al ejército israelí y más tarde conoció al que es su marido, David, con quien tuvo dos hijos, Einat, la nena que hoy tiene 36 años, y Eyal, el varón, de 33.

Pero la historia de Tuchi tiene otro capítulo realmente extraordinario: el dolor de dejar su casa, perder a su madre y alejarse de sus afectos la llevó a que decidiera escribir un carta contando sus penas, pusiera el texto en una botella vacía de anís y la arrojara por la borda del barco en que viajaba a poco de zarpar del puerto griego del Pireo.

Ternura por la borda

“En la carta puse la dirección del internado donde un año y medio después me llegó la respuesta de un hombre llamado Nicolas Kiev, de origen belga, que encontró la botella y su mensaje mientras paseaba por la islas griegas”, recordó.

Después de varios años de relación epistolar, el vínculo se cortó. Sin embargo el destino tenía preparada una caprichosa sorpresa. “Cuando tenía 55 años viajé con unas amigas a Normandía y al entrar a un local, el dueño al enterase que era argentina y que vivía en Israel, me dijo que había conocido a una muchacha con ese mismo recorrido. Ahí nos miramos a los ojos -apuntó- y nos dimos cuenta que increíblemente nos habíamos encontrado”.

Nicolas viajó a Israel y conoció al esposo y los hijos de Tuchi, que también había tomado contacto en Europa con la familia del hombre del que ella en el internado decía que era su novio.

Sin embargo, tras esos encuentros, el vínculo se enfrió y nunca más se vieron. Para colmo, Tuchi viajó a Buenos Aires para acompañar a su hermana mayor en los últimos meses que una terrible enfermedad le dio de vida y aquí reside desde hace seis años.

David hace tres que volvió a Israel y así Tuchi decidió montar el teatro en su casa de Las Heras 4071 donde cada domingo en su unipersonal exorciza recuerdos, comparte emociones y vuelve a arrojar una y vez una botella al mar.

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