Formado en la filosofía fomentista, Roberto siempre ponderó la labor desinteresada en favor del barrio y la ciudad, por más que los gobernantes no presten demasiada atención a ese tipo de iniciativas.
Roberto Cirigliano recuerda con memoria cinematográfica la consagración del Día del Vecino en la Ciudad de Buenos Aires en 1959, efemérides que revive cada 11 de junio con un singular acto en el histórico Cabildo, pero en una ceremonia que no coincide con la que por el mismo motivo convoca el Gobierno porteño.
Cuando tenía 22 de los 79 años que lleva transitados, Roberto entendió que el concepto saludable del vecinalismo era una auténtica filosofía de vida orientada a generar desarrollo a partir de las propuestas comunes surgidas en las sociedades de fomento y por lo tanto abrazó esa iniciativa.
"Todos los 11 de junio, en sintonía con el aniversario de la segunda fundación de Buenos Aires concretada por Juan de Garay, hacemos el acto en el Cabildo que consiste en una asamblea donde se hace un resumen de lo que ha pasado en la ciudad en el último año", aportó Cirigliano a HISTORIAS DE VIDA.
Sin embargo, esa gimnasia que viene realizando desde hace 53 años en procura de hacer reverdecer el espíritu vecinalista hoy opacado, encuentra escaso respaldo oficial que suele frustrarlo.
"Es que uno ve la poca participación que se le da al vecino y se molesta", señaló, quien desde que se casó hace 61 años con Amelia, también vecinalista y política, no dejó un día de encarar la actividad fomentista.
El hecho de casarse a los 18 años lo llevó a tener que postergar para siempre sus estudios de Derecho, para mantener a la familia que enseguida sumó al primero de los seis hijos del matrimonio.
De ese modo incursionó en la docencia en la escuelas de capacitación obrera creadas por Perón y en Sanidad de Fabricaciones Militares, actividad que le abrió la puerta a su futuro.
"Allí trabajaba haciendo análisis y en la producción de comprimidos para los soldados, en una época en que -aclaró- la hipótesis de conflicto que tenía el país era un eventual enfrentamiento con Brasil".
Del barrio al mundo
Con ese trabajo adquirió una experiencia que lo llevó a iniciarse como visitador médico, rubro en el cual hizo carrera en un laboratorio de origen alemán, y más tarde, en otro de capitales daneses.
Pero ni las distintas capacitaciones en Europa, los viajes por el interior y la agenda cargada por la actividad gerencial lo desviaron de su esencia fomentista que había empezado a perfilar en sus inicios allá por 1954 en la sociedad de fomento El Talar. Tampoco cuando por representar al laboratorio que podría proveer de la insulina que Argentina necesitaba allá a principios de los 80, se convirtió en una figura de nota.
Esa experiencia vecinalista le valió para ser designado titular de la Comisión de Homenaje al Centenario de Villa Pueyrredón, el barrio en que nació.Y aunque el acontecimiento ya se celebró en 1997, Cirigliano mantiene todavía hoy ese cargo por decisión de sus pares.
De su familia, sólo el tercero de sus hijos, Alberto Horacio, de 56 años, salió vecinalista, quizás porque de chiquito acompañaba a sus padres a las asambleas y reuniones en el barrio.
Es que ese es el clima que se respira en lo de Cirigliano, quien ya está avanzando en la organización de los festejos por el centenario de la estación de Villa Urquiza, que celebrará este año obviamente junto con sus vecinos.