Un accidente automovilístico primero, y una estafa de la que también fue víctima después, lo hicieron tocar fondo, pero se las ingenió para ganar otra vez la superficie y proyectarse con energía para pelear por los derechos del otro.
Ricardo Gallardo tiene una capacidad increíble para sortear dificultades, incluso las más complejas, y de hecho la vida lo ha sometido a diversas pruebas que fortalecieron un espíritu combativo por el cual por más golpes que lo hayan impactado, siempre se mantuvo de pie.

Un terrible accidente el 6 de enero de 1982 le significó un cambio trascendental para aquel joven inquieto y emprendedor
. Hoy, a los 60 años que no parecen tantos, Ricardo se recuerda antes de ese día como un "Gardel, Lepera y muchos más".

Sin embargo, los incontables tumbos del Ford Falcon que aquel 6 de enero conducía camino a Puerto Pirámides junto a quien entonces era su novia y otro acompañante, lo transformaron.

"Desperté tres meses después en el sanatorio Güemes pero era como si mi cerebro hubiera perdido el archivo de la memoria. No me acordaba de nada y estaba postrado en una cama"
, precisó Ricardo a HISTORIAS DE VIDA.

El control de daños corporales que fue haciendo en la medida que lentamente recuperaba sus facultades le hicieron ver que si bien había superado los politraumatismos de cráneo, también se había fracturado las dos caderas al punto que la izquierda, acotó, "había estallado".

"'Por ese estallido, la pierna izquierda me quedó 9 centímetros más corta"
, dijo al exponer a una complicación que fue subsanando con la colocación de distintas prótesis en tres grandes operaciones, la última hace cuatro meses, con lo cual completó un ciclo que incluyó recurrir a silla de ruedas, muletas y un bastón que a veces, ahora, se olvida de usar.

Recuperarse físicamente fue todo un triunfo teniendo en cuenta el punto de partida. "La chica que era mi novia decía que los dos juntos éramos como Chasman y Chirolita, (en referencia al afamado ventrílocuo y su muñeco) pero después del accidente, el que quedó como Chirolita fui yo".

Una palabra nueva

Para peor, la joven no pudo o no supo manejar la situación frente al estado en que había quedado Ricardo y rompió la relación.

"Se me vino la estantería abajo pero ahí aprendí mucho. Fue caer, tocar fondo, picar y salir de nuevo. Entonces conocí una palabra nueva, resiliencia, que es justamente todo eso que me pasó", graficó. Y todo fue distinto.

A los dos años del accidente Ricardo conoció a la que sería la madre de sus tres hijos, se casó y retomó a pleno sus actividades que hoy concentra en una pequeña empresa de obras industriales y electromecánicas.

Sin embargo en el medio tuvo otra seria complicación cuando nunca le pagaron un trabajo ambicioso que le habían dado a otra empresa que tuvo. "Me refundí, a tal punto que una tía nos hacía las compras para la casa", rememoró.

Tal sus características, Ricardo salió otra vez adelante con mucho trabajo y más esfuerzo y hasta con energía para pararse firme frente a las empresas de transporte que no respetan la Ley de Discapacidad , luego que fuera víctima de un trato discriminatorio una vez que fue a comprar pasajes en micro para toda su familia.

Ricardo cuenta con orgullo y emoción la amistad que tiene con un religioso llamado Jorge que por estos días ocupa un lugar importante en el Vaticano, como afirma con picardía, y se define como un luchador cuyo objetivo es ir para adelante y ponerse de pie tantas veces sea necesario para seguir avanzando, ya casi sin necesidad del bastón.




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