Aunque no cree en los magos sino en la ilusión que generan, este prestidigitador cubano que integró la seguridad del comandante Castro desarrolló una carrera increíble, plena de aventuras y constantes desafíos
Ilusionista de fama internacional, guardaespaldas ejecutivo, ex miembro de la fuerza de elite custodia a Fidel Castro, conferencista sobre claves para el éxito profesional y comprometido estudioso de fenómenos emparentados con el más allá son los ítems principales de la carta de presentación de Alexander Blade, el prestidigitador cubano que está en Buenos Aires en procura de plasmar, en lo posible en el Obelisco, el record Guinness de permanencia en altura: nada más más ni nada menos que dos días parado sobre una pequeña plataforma y a 50 metros del piso, sin dormir ni comer.
Blade, de 39 años, espera que ese desafío pueda ser transmitido por una canal argentino y en línea con esa expectativa también aguarda ver concretada su presencia en algún ciclo televisivo en el que despliegue sus habilidades, trucos y rutinas con las que ha recorrido el mundo. De hecho, uno de sus últimos destinos artísticos fue Le Plus, el Cabaret del Mundo, en París, y el mítico escenario del Hotel Mandalay, en Las Vegas.
Pero su presencia en Argentina no es algo nuevo. Ya vivió varios años luego que se casara con una turista argentina que como el propio Blade reconoció a HISTORIAS DE VIDA; “quedó hechizada con algunos de los trucos que hacía en el espectáculo que tenía en Holguín”, la ciudad situada al norte de Cuba donde a partir de los 9 años comenzó a ejercitar sus primeros trucos de magia.
Un hecho delictivo de nal feliz precipitó en 2005 la salida de Alexander, su esposa María Fernando y su hijo Raziel con rumbo a Miami, el actual lugar de residencia de la familia. “Tres delincuentes se subieron al auto que manejaba con el propósito de hacerme pasear por los cajeros o secuestrarme. Pero como le dije que no tenía tarjetas de crédito por ser cubano y estar viviendo en un hotel, terminé haciendo de remisero hasta Fuerte Apache donde por suerte me dejaron cuatro horas más tarde”, contó.
Lo paradójico de la situación que lo llevó a emigrar del país es que los tres malvivientes jamás se habrán imaginado que tuvieron como presa a un integrante de las fuerzas de seguridad cubanas abocadas a la custodia del comandante Fidel Castro, tarea que cumplió entre los 17 y 18 años hasta que tuvo un duro encontronazo con un jefe. “Durante mucho tiempo me formaron en Cuba como un agente especial y terminé aplicando toda esa preparación contra el gobierno cubano”, señaló, al referir a un hecho digno de la cinematograía que esta historia narra por separado.
Mago no Con esa preparación a su favor, ya con su residencia jada en Miami, Blade logró credenciales o ciales en Estados Unidos para desempeñarse como guardaespaldas ejecutivo en cualquier lugar del mundo, aunque hoy por hoy sigue siendo la magia su labor principal, independientemente que ponga ciertos reparos cuando se lo de ne como mago. “En mi caso, pienso que soy de los que logran su efecto en el público no a través de la magia sino de un acto mágico, que es la ilusión. En ese sentido -aclaró- soy un ilusionador”.
“He buscado muchas respuestas del más allá y en la religión misma, acérrima enemiga de los magos, para encontrar una mejor formación. Así me convertí en un profesional que no es el típico mago que se aprende los trucos. Yo busco algo más”, sentenció.
Esa es la razón del nuevo desaío que piensa hacer para alcanzar record Guinness, con la con confianza que lo acompaña desde sus primeras clases de magia, en los shows en el plano internacional y en la decisión tomada para cortar de plano con el régimen de Castro el día que ilusionó hasta el amor a una turista argentina.