Capacitadora también de docentes en el rubro que se especializó, esta maestra de 44 años que para dar sus clases une a dedo los 45 kilómetros que separan la ciudad de Nogoyá, donde vive con su tío Carlos, de Victoria, siente que la actividad en la que se formó le despertó pasión por lo que hace.
"Me había recibido en el 94 de profesora de Enseñanza Especial y en el 2005, como necesitaba trabajar, tomé el cargo y aprendí que el docente que se amolda a las condiciones que impone la realidad de dar clases a alumnos en condiciones de encierro, muy difícilmente después quiera irse" señaló a HISTORIAS DE VIDA.
"Soy una defensora de la educación en ese contexto", argumentó sobre su perfil docente que la lleva, narró, a someterse a las condiciones singulares que impone la vida tras los muros de la cárcel en la cual no faltan hechos violentos, situaciones extremas y un fluido equilibrio entre los códigos de adentro y las normas de afuera. De allí que no se ofenda cuando se refieren a su oficio como el de maestra tumbera.
Criada por su abuela y un tío dado que sus padre fallecieron jóvenes, Diana afirma que la escuela a su cargo en el penal entrerriano y a la que asisten internos de entre 23 y 58 años, algunos con historiales delictivos inquietantes, "es un espacio muy especial" en el cual quienes asisten "se siente libres".
"Son muy demandantes y se enojan cuando algún docente falta" a las clases de 45 minutos por cada uno de los tres grupos en que se dividen los cursos en la unidad penitenciaria de Victoria.
"Es inevitable no saber lo que hicieron y hasta los maestros nos enteramos por lo que ellos mismos nos cuentan" precisó. "Seguro que no es fácil, pero en la tarea que desempeñamos hay que poner la mirada en que estamos frente a un alumno, a una persona".
Rechazos y convicciones
La compleja situación de tener en su grupo al condenado por violar y asesinar a una nena de 3 años, dijo, "me generó rechazo pero tengo entrenamiento mental para enfrentar esos casos. El concepto que rige para el educador en condiciones de encierro es que hay que ayudar a que esa gente modifique sus conductas para que puedan reinsertarse a la sociedad".
En el ida vuelta diario con sus alumnos, esta docente especial entendió que los internos encuentran un ámbito distinto en la escuela en la que cada día comprueba, como referente de una mal llamada educación tumbera, que enseñar es impartir libertad