Por sus distintas profesiones, todas dominadas por el arte, se puede afirmar que este escenógrafo, realizador y fileteador hizo de todo, tuvo tiempo para la solidaridad y ahora aspira a poder transmitir sus conocimientos
Cuando Domingo Andanese hace un repaso de su vida, toma conciencia de lo mucho que ha hecho a lo largo de 75 años. Su foja de servicios encabezada con sus actividades principales de escenógrafo, realizador, letrista y fileteador, también añade otras no menos importantes por lo que significaron y aportaron a la economía familiar en su momento como dibujante, sastre, verdulero, fabricante de pick ups de tocadiscos, vainas para cuchillos y de pantallas artísticas; pintor de maquinaria pesada en el puerto de Buenos Aires y verdulero.
Dueño de una frase de cabecera que lo define, "si no se tiene swing no se puede hacer nada", Domingo es un multifacético trabajador que realza su prolífica producción con el valor agregado de originalidad y magia, atributos que lo acercan una y otra vez al arte que lleva sobre la piel y expresa en colores, formas y diseños.
Como será que hace 50 años que comparte su vida con Elsa, profesora de piano del Conservatorio Nacional y alumna del notable compositor Cátulo Castillo, y la hija de ambos, Amorina Eva, también relacionada al mundo del arte. Y los tres han trabajado codo a codo en diversas realizaciones en los que la llama creativa no perdió oportunidad de iluminar y dar calor a cada emprendimiento.
Pero la mencionada originalidad, viene de base. "Mi madre tuvo la primera peluquería unisex allá por los años 50 en Parque Chas", contó Domingo a HISTORIAS DE VIDA y revivió la imagen de su progenitora cuando en pleno rol de ama de casa le pedía a ese nene atrapado por el dibujo que levantara los lápices y plumines de la mesa de la cocina porque había llegado la hora de comer. "Dibujar es algo trascendental y todavía hoy el olor a lápices y pintura me transporta a otro mundo", asevera quien como no podía ser de otra manera estudió en una escuela de arte en Villa Urquiza. A los pocos años, cuando tenía 17, una empresa que lo había contratado explotó un dibujo que hizo de Louis Armstrong para anunciar en un afiche la visita a Buenos Aires del genial trompetista estadounidense.
El Che y los camiones
Pero un día, siendo ya letrista y con experiencia en Bellas Artes, pasó por el taller que en avenida De los Incas tenía León de Ultroff, un fileteador de renombre. Allí empezó a despuntar otra pasión que lo llevó con el tiempo a tener entre otras satisfacciones, una felicitación del gobierno cubano por un Che Guevara fileteado que dejó en La Habana, y el beneplácito de decenas de transportistas que mientras hacían cola en el puerto de Buenos Aires contrataban los servicios de Andanese, por esos días apremiado por alguna urgencia económica, para embellecer sus camiones.
El curriculum de Domingo incluye, como se verá, varias páginas de sus 50 años como escenógrafo y realizador en los canales 13 y 7 donde se ganó un lugar en el medio que le abrió la puerta a producciones teatrales y campañas publicitarias.
Con una vitalidad que desmiente a los 75 almanaques que lleva consumidos, Domingo anhela poder enseñar. "Hasta ahora quise hacerlo, pero el proyecto que llevé para dar clases en la escuelas y enseñar el oficio del filetado, no prosperó", señala ante una materia aun pendiente que, sin embargo, no doblega al "hombre orquesta", como se define a sí mismo, que hizo del vivir un arte.