Dueño de una legendaria disquería de autor, un uruguayo afincado desde hace más de 30 años en la Ciudad, asiste satisfecho al renacimiento del que considera el soporte más tangible y noble de la música.
Si de algo se felicita Fernando Pau es haber hecho realidad aquellos sueños juveniles de estar rodeado de centenares de discos, aunque ahora -a decir verdad en los últimos treinta años- en el marco de la actividad comercial que desarrolla en un local de la galería Quinta Avenida, en Barrio Norte, conformó una auténtica 'cueva' donde la música no solo impera sino que además cobra cuerpo y sentido a través de su soporte en vinilo.

Es que aquel chico de Montevideo que hizo periodismo en distintas radios de la capital uruguaya hablando de música y al que en su barrio los vecinos veían como un bicho raro que atesoraba en su casa más de treinta discos, un día vio que del otro lado del Río de la Plata podía hacer otra cosa que lo acercara a esa meta digna de un alma melómana.

El periodismo, primero, y la fotografía, después, sirvieron de base en dos incursiones previas a la que fue la definitiva, la tercera, como corresponde, cuando puso todo en juego para abrir en abril de 1983 la disquería que desde entonces funciona en el local 74 de la mencionada galería de avenida Santa Fe al 1200.

Para su desembarco final en Buenos Aires, a la especialización musical que le había dado su trabajo en radios y el diario Ultimas Noticias de su país, Pau le sumó su condición de músico, una performance que como contó a HISTORIAS DE VIDA no le reportó tantas satisfacciones porque, reconoció con humildad no exenta de ironía, "solo con las ganas a veces no alcanza".

"También fui viajante vendiendo productos de los mayoristas del Once", recordó, por lo que decidió combinar su gusto musical, su facilidad para las ventas y el haber tomado conciencia que se estaba quedando sin discos. La resultante del mix fue el nacimiento de Abraxas, a la que convirtió en una típica disquería de autor.

"No era lo mismo Montevideo que Buenos Aires. Por aquellos años acá era más rockero y en Uruguay los intérpretes populares estaban más politizados", remarcó Pau, de 55 años, divorciado y padre de dos hijos. Según señaló, abrir una ventana al mercado musical internacional podía llegar a significar por estas tierras allá a fines de los setenta que "de la izquierda te catalogaran como un colonialista cultural y desde la derecha, como un posible drogadicto, agitador social e inducidor de malas costumbres e ideologías seguramente peligrosas".

Pau, lado A

"Más allá de todo, la disquería "tuvo sus momentos", sostuvo, en general asociados a los distintos períodos que atravesó en su vida.

Tras rechazar la idea que su negocio sea el último bastión del vinilo en Buenos Aires porque existen, apuntó, otras disquerías de autor de muy buen nivel, Pau aseveró que hoy existe "una vuelta al disco, claro que no va a ser como hace 25 años, pero sí hay una respuesta a la desmaterialización de la música".

En ese sentido, rescató a los cultores que buscan "un soporte más tangible y noble" que "conforman un grupo reducido", aunque especificó se alejó de la discusión de vinilo versus compact "porque es bizantina". Sin embargo, los últimos dos clientes que entraron al local promediando la entrevista, preguntaron por discos de vinilo, lo que para Pau suena a buena música que gira sobre una bandeja con el pick up levantado y emparentada con los lados A y B de su vida.

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