En poco tiempo otros empleados del registro, entre ellos su jefe, un ex compañero de la secundaria, la estimularon como modelos para que fuera soltando una mano capaz de hacer arte si se asociaba a un lápiz y a un papel.
Pato, como la llaman sus amigos a partir de una singular historia heredada de su condición de fanática del cantante español
Camilo Sesto, empezó a retratar cada vez mejor y a sumar menciones en las muestras del artes plásticas del
Registro de Artistas del Registro Provincial de la Personas bonaerense. Tanto evolucionó en el dibujo que en diciembre pasado una obra suya,
"Participación Igualitaria", obtuvo en aquel ámbito el primer premio junto a una distinción por la perseverancia.
"Siempre me gustó dibujar y es algo heredado porque mis padres también lo hacían muy bien, pero nunca pude estudiar para perfeccionar técnicas y conocimientos en el rubro", fundamentó a
HISTORIAS DE VIDA.
Las dificultades para estudiar que enfrentó Patricia, de 51 años, fueron que siempre debió trabajar, máxime aun cuando se separó de su marido y quedó a cargo de sus tres hijos, Sergio, Diego y Mariana cuando tenían 8, 7 y 6 años, respectivamente. "
Fue difícil porque me fui a vivir a una habitación en la casa de mi madre en Monte Grande y como tenía que hacer de papá y mamá -contó- las obligaciones eran muchas". Y el trabajo que supo buscar, también.
La municipalidad de
Esteban Echeverría, donde había entrado en 1981, era un buen aporte pero no alcanzaba, por lo que a las horas extras le sumó la confección de manualidades como peluches, portadocumentos de tela y hasta imanes hechos con viejas radiografías que vendía en los comercios. Pero como si eso fuera poco,
Pato se las ingenió para dibujar otro horizonte.
Buena letra"Me recibí de pintor letrista en un curso que hice en la municipalidad y así cuando salía de trabajar, pintaba vidrios, pasacalles y
hasta me subía a los techos para llevar un mango a casa", puntualizó.
Hoy Patricia afirma que si bien la prueba fue dura, "pude darle a mis hijos un hogar digno, donde tenían su habitación sus camas, sus juguetes y todo lo que necesitaban".
Pero si algo siempre se mantuvo en Pato fue su pasión por el dibujo, definido y perfecto como el que logró de adolescente cuando retrató a un ignoto modelo de la publicidad gráfica de una marca de cigarrillos que le aceleraba su palpitar adolescente. Si bien nunca pudo ir a una academias para perfeccionar el don que tiene, Pato asegura que "
dibujo porque lo llevo en el alma y además me brinda paz".
El espacio donde se ubica su escritorio en el Registro Civil El Jagüel tiene varias de sus producciones que incluyen algunas de las premiadas y retratos de compañeros de oficina, familiares y personalidades plasmados con delicada fidelidad.
"
Siempre que veo un dibujo terminado o algo parecido a lo que copio -remarcó- me digo 'lo lograste, Pato'". Claro está, entre tantos otros logros que sin duda va más allá de la perfección de su obra.