Dueño de una energía avasallante, el entrenador de 55 años, que hoy no tiene trabajo en el fútbol, entrena a un boxeador y capacita a gerentes haciendo del término liderazgo su bandera.
Aunque hoy no dirija ningún equipo y pese a que esté entrenando a un boxeador de proyección internacional, el profesor Daniel Córdoba respira fútbol y transmite con frenética vitalidad un concepto distinto, atractivo y transformador acerca del modo de preparar y parar en la cancha a once jugadores.
Pero Córdoba, de 55 años, también ha logrado conformar un perfil profesional basado en la formación universitaria, posgrados en psicología y estrategias, estudios en fisiología y biomecánica, y decenas de congresos en los que ha llevado sus ponencias sobre la manera moderna de encarar la alta competencia futbolística.
Sin embargo, aunado todo eso con una capacidad singular para ejercer liderazgo, el “profe” también ejerce funciones como head coach en cursos para gerentes de empresas que encuentran en Córdoba una combinación ideal de atleta, estratega y transgresor dueño de una vida intensa en la que su cuerpo y su alma han debido restañar diversas heridas.
“Ahora estoy entrenando a Luciano Cuello que es boxeador, en una actividad diferente a la rama que he venido trabajando”, afirmó Córdoba a HISTORIAS DE VIDA, justamente tras haber culminado la sesión de trabajos con el púgil platense categoría mediano juniors, radicado en España y que hace tres años en México, le hizo pelea a Julio César Chávez.
“Tengo un perfil como técnico de fútbol que no es el de cualquiera y eso me hace distinto” explicó respecto al concepto que se ha ganado en el medio futbolístico tras haber dirigido en primera, ascenso y torneos del Interior en el país, y en equipos de prestigio en Paraguay, Bolivia y Ecuador.
“Si la necesidad del equipo era escaparle al descenso, lo logró, si tenía que pelear un campeonato, lo hizo y si era jugar en alguna copa, siempre clasificaron en la primera fase, lo que significa que siempre se cumplieron los objetivos”, subrayó.
No obstante, reconoce que sus métodos y su particular forma de encarar la relación con futbolistas y dirigentes le hicieron ganar el mote del “loco”, alejado de la comparación con aquel joven que trabajaba como administrativo en la Gobernación bonaerense, que durante dos años estudió abogacía en la Universidad Nacional de La Plata y que un día explotó otra de sus múltiples actividades, la de guardavidas, en la pileta de Gimnasia y Esgrima platense.
Nadar en seco
Allí hizo germinar de la nada una escuela de natación que llegó a tener cien chicos inscriptos.a los que siguió entrenando aun en invierno “cuando los pibes, porque Gimnasia no tenía pileta cubierta -contó Córdoba- ejercitaban en seco los movimientos del nadador ”.
El rol de director técnico eclipsó otras ítems de la foja de servicios de Córdoba, como los diez años en los cuales trabajó como profesor de Educación Física, especialidad de la que es también graduado universitario, con chicos de capacidades diferentes.
La muerte de su hijo Juan, de 3 años y un accidente automovilístico en que salvó su vida de milagro, conforman las instancias críticas que dejaron huellas en el “Profe”.
Pero el torrente de energía que lo anima desde que era jugador de las inferiores de Estudiantes, logró pararlo otra vez en la cancha donde aunque hoy lejos del fútbol, hace jugar su intensa vida.