Una estudiante de 16 años que ya suma más de un centenar de poesías escritas, encontró la manera de expresar su forma de sentir y vivenciar el mundo que la rodea y que esta adolescente no para de observar
"He llorado más que el cielo en un año", dice una de las poesías que Florencia Gómez escribió con letra esmerada en un cuaderno que la acompaña en los momentos en que la inspiración la asalta cuando no puede usar la computadora, a la vuelta del colegio.
Es que Florencia, de 16 años, cursa el tercer año en la Escuela Sagrada Familia, de Villa Lugano, donde sus compañeros y profesores son habituales lectores de los poemas que la adolescente escribe como una manera de contar desde un lado más profundo distintas experiencias de su vida.
Sin que reconozca un aporte hereditario en esa manifestación poética que ejerce desde que tenía 10 años, Florencia admite que su rol de espectadora de televisión y cine la abrió la puerta a la posibilidad de desarrollar una expresión sentida, cálida y profunda que plasma en sus poesías.
"Cuando veía películas con gente que tuviera dones especiales, me preguntaba si acaso no sería posible que yo tuviera alguna de esas capacidades para que pudiera destacarme en algo", contó a HISTORIAS DE VIDA.
Y así fue como empezó a notar que tenía una facilidad notable para construir frases que rimaban. "Cómo será -detalló- que a veces discuto con mamá en casa y lo hago, sin que me lo proponga en rima, lo que enoja mucho a mi hermana".
Aunque perjura bajo al atenta mirada de su mamá Alejandra que no tiene novio, Flor recordó que sus primeros versos "oficiales" tuvieron por destinatario un "amigovio" de la escuela. "Era una relación de amigos, no teníamos una sensación de amor", aclaró por las dudas. Sin embargo, sostuvo que nunca olvidó a aquel chico con el cual empezó a perfilar los versos escritos desde el fondo de su corazón.
Pero si de algo se jacta Florencia es ser una chica tranquila, que piensa mucho las cosas y que suele establecer un muy buen vínculos con los libros.
Amiga de los libros
"Mis mejores profesores son los libros porque me dan muchas cosas. Primero porque me aportan vocabulario -afirmó- y después porque me abren la puerta a nuevas experiencias, distintos sentimientos y otras maneras de ver las cosas".
En cierta medida, su gusto por leer se emparenta con esa necesidad que la asalta para escribir las poesías que comparte con sus íntimos, los que coinciden en que lo hace muy bien.
En lo específico de sus poesías, lo que la lleva a escribir es darle salida "a cada cosa buena que me pasa. Claro que en eso también tienen que ver los libros que leo, que me abren la cabeza y me permiten tener otra perspectiva de las cosas".
El público de Florencia lo componen muchos de sus amigos y profesores quienes la alientan a escribir dado el "profesionalismo" que por decirlo de una manera, ha cobrado en el colegio: ocurre que es una habitual convocada para redactar textos que escribe y luego lee en los actos escolares, validados por su buena prosa.
"Mi mejor amiga me pide que no deje de escribir y ante posibles críticas, me propongo mejorar y no bajar los brazos", precisó.
"Creo que siempre voy a estar ligada a la poesía porque realmente me hace bien", manifestó feliz de disfrutar aquel don que en su caso, no proviene de la ciencia ficción televisiva, sino de una manera profunda de ver, entender y expresar aquello que la motiva.