Lo singular de su vida en la que lleva 67 años casado con Zulema, de 86, es que desarrolló dos carreras universitarias que le permitieron ejercer durante varias décadas como kinesiólogo y odontólogo, e incluso llegar a jefe de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital naval y de Odontología en el Policlínico Bancario.
"Hice las dos carreras en doce años sin perder jamás un año de estudio ni dejar de trabajar y cuando me recibí, con mi señora ya éramos padres de dos chicos", contó Guillermo a HISTORIAS DE VIDA.
"Hacer las dos carreras significó en aquellos tiempos muchas vicisitudes porque había que mantener a la familia y nunca dejé que mi esposa trabajara" puntualizó quien tuvo una de sus primera labores como oficinista naval, lo que le abrió una puerta, ya recibido de kinesiólogo, para ingresar como personal civil al hospital de la Marina en Parque Centenario.
Un detalle que lo define de cuerpo entero es que cuando obtuvo el título de kinesiólogo, sintió al igual que un compañero de estudios, que algo faltaba. "Me fui a inscribir a Medicina pero me hicieron ver que con mis horarios de trabajo no podía cursar la carrera. Así que con mi compañero -relató- decidimos anotarnos en Odontología, pero a los seis meses él se fue y quedé solo hasta el final. Es que siempre que he propuesto algo -aseveró- lo he hecho".
"Me enteré que estaban buscando una escuela para llevar al nene porque en la que estaba cerró sus puertas. Lo hablamos con la familia y está aquí desde los 7 años. Hoy tiene 41 y tiene una buena vida en la que hace teatro y canto, estudia y va al gimnasio", apuntó. Además Guillermo es abuelo de cuatro nietos que le han dado recientemente dos bisnietos que algún día ya sabrán de todo lo que hizo su bisabuelo.
La clave de tanta energía dispuesta para honrar la vida reside, a criterio de García, en una cuestión relacionada al almanaque. Es que nació en Villa Urquiza un 29 de febrero de 1924, es decir en año bisiesto. La justificación para tanta vitalidad, fuerza y convicción para seguir poniendo sus manos sobre los pacientes, enseñar y ganar copas en la categoría más 85, se basa en que sus 90 años son una anécdota. "En todo caso -aseguró con sonrisa cómplice- como soplo velitas solo cada cuatro años, recién tengo 22".