Un ex combatiente que participó de una acción heroica en la guerra de 1982, retornó en noviembre a las islas para honrar a sus compañeros caídos y reencontrarse con aquel soldado que fue hace 32 años
Las piedras que lo protegieron del intenso bombardeo británico siguen inalterables flanqueando la pequeña trinchera, hoy más cubierta de turba y en la que se guarecía para defender su posición en Supper Hill, a muy poca distancia de Puerto Argentino. La bahía de Yorke también se ajusta perfectamente al recuerdo visual de este ex combatiente, Juan Carlos Peralta, quien este miércoles, como cada 2 de Abril posterior a su vuelta de la guerra, vivirá entre emociones intensas, profundo orgullo y por sobre todo, el conmovedor afecto que su esposa e hijos tributarán al héroe de la familia.
Juan Carlos tiene todavía a flor de piel las sensaciones generadas por el viaje que hizo con otros ex combatiente en noviembre pasado a Malvinas, donde llegó justo el día de su cumpleaños número 50 para volver a los escenarios en los que durante 74 días argentinos y británicos pelearon por la posesión de las islas, en los que revivió horrores y padecimientos que el fuerte viento malvinense no logró aventar de esos campos en todos estos años.
"Es cierto que a veces suelo estar bajoneado pero me siento un agradecido de la vida por haber defendido a mi patria, algo que volvería a hacer en condiciones de igualdad", afirmó Juan Carlos a HISTORIAS DE VIDA, en el centro de ex combatientes de Lomas de Zamora del que es su vicepresidente.
"El viaje a Malvinas que hicimos el año pasado era algo que deseaba y la verdad que me permitió reencontrarme con aquel pibe de 18 años que fui y que había quedado allá", explicó el veterano de guerra al que se le humecta la mirada toda vez que ahonda en aquellas vivencias bélicas en las que se vio inmerso en un abrir y cerrar de sus ojos adolescentes.
Cuenta que lloró mucho cuando hace cuatro meses, siguiendo su intuición, encontró en las afueras de Puerto Argentino la posición que ocupó en Supper Hill, aunque la trinchera en estos 32 años había sumado turba y ya no lograba cubrirlo totalmente. Pero a criterio de Juan Carlos, no solo la trinchera vio modificada sus dimensiones.
Héroes gordos
"A veces, cuando damos charlas a los chicos de las escuelas, creo que los pibes piensan que fuimos a pelear así como nos ven ahora, gordos, panzones y canosos, y hasta deben pensar que por eso perdimos la guerra", ironizó, y eso se debe, especuló, "a lo poco que se les enseña sobre lo que hicimos".
Por eso cada aniversario de Malvinas es un día especial para Juan Carlos y tantos otros veteranos, quienes después de la guerra afrontaron la indiferencia, el olvido y la discriminación porque, aclaró, "hasta tuvimos que hacernos documentos nuevos donde no dijera que éramos ex combatientes porque sino no nos daban laburo porque decían que habíamos vuelto locos ".
Pero Juan Carlos, que desde hace siete años es auxiliar en la escuela 92 de, coincidencias aparte, del barrio 2 de Abril, en Lomas de Zamora, después de la guerra fue albañil como su padre, luego plomero y durante 20 años operario de una metalúrgica en San Martín.
Quizás este miércoles Juan Carlos arranque el día dominado por cierta melancolía que irá mitigando en la medida que lleguen saludos de la familia, puntualmente los abrazos de su esposa Selva, de sus hijos Maxi y Gisella, y de la nueva incorporación de la familia, su nietita Catalina, quien para su abuelo héroe se ha convertido en una auténtica condecoración.