Arrancada de Berisso, estuvo 5 años y siete meses presa a disposición de la dictadura en la cárcel de Villa Devoto, donde vio nacer a su hija con la que se reencontró, como con el resto de su familia, al final de su cautiverio.
Cuando Beatriz Grasso redactó la frase 'no hay noche que por más larga que sea no la espere un amanecer', logró darle forma expresiva a un cúmulo de sensaciones compuesto por angustias y miedos vivenciados durante los cinco años y siete meses que estuvo detenida a disposición de la dictadura militar.
Privada de su libertad fue como Beatriz, cuyo pecado consistió en haber sido una combativa delegada gremial en la fábrica SIAP, en Berisso, supo en abril del 76 que estaba embarazada de su hija, a la que vio partir a los seis meses de su nacimiento en la cárcel de Villa Devoto para recién volver a abrazarla en octubre de 1981, época en que la recuperó junto a su libertad sin haber tenido nunca en claro los motivos del castigo impuesto.
Hoy Beatriz, dueña de 63 años 'vividos y gastados', como aclaró a HISTORIAS DE VIDA, sigue siendo la misma mujer firme y sólida que mantiene inalterables en su memoria los momentos que la marcaron a fuego, al punto de permitirle galvanizar para siempre las convicciones que abrazó desde adolescente, en su Gualeguay natal. Norberto Biondi, su marido, revive cada vez que escucha a Beatriz la síntesis de una historia en común que comenzó a edificarse poco antes que el golpe del 76 los pusiera frente a una prueba de amor y templanza.
"Aunque el golpe fue el 24 de marzo a mí me detuvieron el 29 en la fábrica y de donde me llevaron por averiguación de antecedentes", apuntó Beatriz.
Pero Norberto, que trabajaba en la empresa Propulsora Siderúrgica también cayó en la volteada, aunque su detención duró unos 20 días. Beatriz, que primero estuvo desaparecida en la sede del Cuerpo de Infantería, en La Plata, pasó a la Brigada Femenina como NN hasta que al mes fue blanqueada y pasó a estar a disposición del PEN en la cárcel de Villa Devoto, tras una corta escala en la unidad penal de Olmos.
En la búsqueda que hizo para recopilar información de sus años de detenida por la dictadura, a la que le hizo juicio y por la que declaró ante la Comisión de la Verdad, en La Plata, en 1999, Beatriz encontró que los servicios de inteligencia la catalogaban por su rol de delegada en la SIAP como 'activista contraria a la UOM'.
No estás igual
"A mí me costó mucho entender que yo era peligrosa por ser simplemente delegada y sin que integrara ninguna célula armada", destacó quien nunca imaginó en que cambios en el seno del régimen castrense iban a permitirle terminar con el cautiverio. "A mis compañeras les decía -recordó- que iba a salir un 17 de octubre y así fue".
Atrás quedaron cinco años y siete meses de ver a sus afectos a través de un vidrio y el ejercicio cotidiano de prepararse para el día en que saliera. Sin embargo, nada alcanzó porque "afuera me costaba cruzar la calle o acostumbrarme a los espacios grandes". "Además, Norberto había cambiado, ya no era tan jovencito como el último día que lo vi antes que detuvieran", añadió.
"Si algo aprendí después es que lo mejor que tenía era la familia y si en algún momento había perdido el norte, era el momento de hacerlo de nuevo', subrayó. Por eso Beatriz hoy está satisfecha de tener cerca a Norberto y los 4 hijos, 9 nietos y un bisnieto 'que por sobre todo son gente buena". Sin duda lo mejor de cada amanecer del resto de su vida.