Hace veinte años que están juntos, tiempo en el cual sufrieron complicaciones que de ninguna manera los amilanó como pareja para concretar sueños y encarar proyectos destinados, por sobre todo, a enseñar.
Cuando hace cuatro años, sentados en dos sillas dispuestas en un espacio vacío de un lote en El Jagüel empezaron a soñar la casa que querían levantar a su gusto, Luisa y Rodolfo ratificaron sin proponérselo el sólido vínculo que los une. Es que ya llevan veinte años de una vida en común que tuvo momentos difíciles y complejos, enraizados en la historia personal de cada uno.

De hecho, Luisa recaló en Argentina a fines de los 80 tras una salida forzada junto a sus tres hijos de Santiago de Chile, la ciudad en la que nació hace 66 años, acuciada por los riesgos impuestos por la dictadura pinochetista con la que nunca comulgó.

Con el correr del tiempo, Luisa Varela logró hacer valer su condición de kinesióloga, actividad que le dio prestigio y clientela. En medio de esa realidad encontró a Rodolfo Alonso, hoy de 74, y ambos, sin ninguna otra atadura sentimental que los condicionara, empezaron a edificar su futuro en pareja.

Junto a Rodolfo, que era cirujano especializado en flebología, habitaron un departamento en el cual Luisa tenía a la vez su consultorio, pero que un cortocircuito un día literalmente redujo a cenizas.

Las llamas perdonaron pocas cosas del departamento y entre ellas, un diminuto telar para accionar sobre una mano que Luisa había heredado de su bisabuela. Con ese adminículo, la pareja comenzó a tejer su porvenir.

"El incendio nos cambió la vida porque quedamos con una mano atrás y otra adelante" señaló Rodolfo a HISTORIAS DE VIDA en el mismo lugar del predio en que se habían sentado hace cuatro años y que hoy es una amplia casa de dos plantas construidas con sus manos de cirujano.


  • Manos a la obra

El pequeño telar abrió la puerta a otros objetivos y que primero le sirvieron a Rodolfo para ejercitar sus manos previo a las operaciones. Después, Luisa dio vuelo a su capacidad creativa para tejer con ese artefacto diseños exclusivos de ponchos, toreras, vestidos, manteles y guardas.

Luego que Rodolfo accediera a la jubilación, el telar pasó a ocupar un lugar central en la economía familiar. Las creaciones de Luisa pasaron a ser modelos exclusivos que ya no se venden, pero sirven para demostrar lo que se puede hacer con el aparato, al cual sí comenzaron a comercializar. "Soy de las que cree que es más importante enseñar a pescar que darle a la gente el pescado en la boca", afirmó Luisa.

Y así arrancó otra etapa de viajes por distintos pueblos del país para comercializar el telar y enseñarle a los interesados. "No solo la lana y el hilo sino todo lo que tenga forma lineal como sachets de leche y tetrabreaks cortados en tiras, sirven para tejer" explicó Luisa que recibe en su casa a los que quieren profundizar sus conocimientos en el uso del telar.

"Enseñamos en forma gratuita en cada pueblo al que llegamos y donde ofrecemos el telar, del cual registramos la marca" indicó Rodolfo que al igual que su esposa considera que "a esta altura, nos queda autoabastecernos, viajar y dejar algo que le sirva a la gente".

Gestos, caricias y palabras revelan el afecto que envuelve al matrimonio que desde que se conocieron, no dejó un día de darse apoyo mutuo para sortear adversidades y consumar logros. En todo caso, junto a los secretos del telar de mano que escapó del fuego y al amor que se profesan, es la gran enseñanza que transmiten como legado.i

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