Hija de armenios, aprendió de su madre sobreviviente del genocidio que sufrió su pueblo, una técnica oriental que requiere de un don innegable para ver el pasado y el porvenir de quienes la consultan.
María se concentra sobre la borra del café que tapiza el interior de la pequeña taza de porcelana. Seria, hace girar el recipiente una y otra vez sobre sus manos, mientras hace las interpretaciones que sorprenden al periodista que, segundos antes, había bebido la infusión en procura de dar material de análisis para la nota. "La salud va a andar bien" afirma, anticipa "un viaje inminente" pero advierte sobre "el hombre gordo y de anteojos" por los problemas con implicancias laborales que puede crear .

Hace cuarenta años, con la mitad de edad que ahora, María Kalpakian le preguntó a su madre, una armenia sobreviviente del genocidio sufrido por su pueblo de parte de los turcos, si le enseñaban la técnica oriental milenaria de leer la borra del café que desde ese entonces ejercita en eso de detectar el futuro de otros proyectado en el fondo de una tacita.

"Mi mamá me dijo que no me convenía porque me iban a volver loca pidiéndome que leyera el destino pero al final aceptó enseñarme", contó a HISTORIAS DE VIDA María, quien ha llegado a tener unas veinte consultas en un solo día.

"Las mujeres quieren saber que les va a pasar con los hombres y los hombres, como le vendrán las cosas con las mujeres, eso es lo que más le interesa saber a la gente" explicó la octogenaria que no cobra por sus servicios aunque admite que le reconocen sus aciertos con algún que otro regalo.

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Mucho antes que se dedicara a interpretar la borra del café, María era una joven atractiva que aprendió dactilografía en las recordadas Academias Pitman y que tras un paso por un instituto especializado en copias legalizadas, fue contratada como secretaria en un bufete de abogados.

Ese trabajo lo mantuvo hasta que el amor llegó a su vida y por partida doble: dos pretendientes disputaron su corazón pero una decisión materna zanjó la situación. "Al que yo quería -precisó- mi mamá no lo aceptó porque era judío, por lo que me terminé casando con otro muchacho de origen alemán que tampoco le caía del todo bien a mi papá, porque decía que era demasiado simpático".

Mañana digo basta

A los 22 ya estaba casada con Ernesto, el joven que aseguraba "haberse tirado del colectivo" en el que viajaba por el Bajo Flores cuando la vió por primera vez. Sin embargo, la relación no funcionó, habida cuenta aquel exceso de simpatía de Ernesto, oportunamente observado por su padre, y que ponía en juego con distintas vecinas del barrio.

"En 1974 dije basta, lo eché de casa y me separé. Tenía 35 años y desde entonces no miré más a ningún hombre", acotó quien en aquella traumática relación tuvo a su único hijo, Gerardo Weiss, el estilista beatle que cobró notoriedad mundial con la peluquería temática sobre los cuatro de Liverpool que abrió en Flores Sur y que profesa por su madre un amor inconmensurable.

"Leer la borra del café para mí es un esfuerzo porque hay que poner mucha energía y quedo muy cansada", asegura María, a quien le llama la atención como "muchas señoras ya grandes y viudas, me preguntan si en la borra se ve algún 'gavilán' en torno a ellas, es decir algún hombre con el que entablar algún vínculo".

Algo parecido, pero desde otro ángulo, a la inquietud del periodista que aunque satisfecho por la lectura que le hizo María, no para de pensar en la amenazante presencia de aquel gordo de anteojos que se reveló en el fondo de la taza.




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