Escribió decenas de temas como una faceta más de su perfil poético que abrazó de chica y galvanizó en las tardes compartidas con su padre en un pequeño comercio de Villa Luzuriaga impregnado de esencia tanguera.
Las tardes en el local de Villa Luzuriaga donde su papá Humberto arreglaba paraguas, mucho gravitaron para modelar el perfil de la hoy poeta, autora y compositora Marta Pizzo. Es que la propuesta tanguera que la radio transmitía a través del clásico "La danza de la fortuna" para matizar el paciente trabajo del paragüero, imperceptiblemente fue colonizando la sensibilidad de su hija quien a través de las poesías que escribía en la escuela, ya demostraba una vocación artística en desarrollo.

El destino, que tanta inspiración le ha dado al tango, hizo que la muerte prematura del papá llevara a Marta a salir a buscar trabajo cuando estaba por terminar el secundario como perito mercantil. La sucursal La Tablada del Banco Provincia le dio por entonces la posibilidad de ayudar a la economía familiar y a vincularse con esa necesidad poética de expresarse a través de las palabras.

Un compañero de trabajo, José Paredero, cultivaba el mismo gusto por la poesía y así ambos se fueron nutriendo de sus aportes que Marta tecleaba sobre una Olivetti, la sólida máquina de escribir a esa hora confundida entre frías referencias numéricas y versos cuya única pretensión era la de ser depositados en las cuentas de cualquier alma sensible.




Más tarde fue su acercamiento a la Asociación Literaria La Besana, donde junto a Héctor Picallo y otros compañeros de aventuras narrativas forjó definitivamente la matriz creativa de la mujer que ya tiene publicados dos libros propios "Puerto Palabras" y "A Tango Traviesa"-, una decena de antologías y numerosas letras de tango como "Cantar es vivir", "A dúo con la vida", "Cada espera es un adiós" y "A cielo partido", entre otros tantos.

"El maestro Héctor Negro, mi referente, me dijo que escribir la letra de un tango es como volar dentro de una jaula y la verdad que es así porque mientras que en la poesía podés proyectarte, cortar y empezar de nuevo, la canción es una estructura más cerrada donde se impone la palabra justa y con musicalidad", destacó Marta a HISTORIAS DE VIDA.

El milagro de la comunicación

Marta, de 56 años, casada con Miguel Sinisi, que es artista plástico, y madre de Renzo, también cantautor y poeta, de 27, y Franco, de 25 pero ingeniero en computación, es defensora a ultranza de los encuentros tangueros que constituyen "actos creativos" que dan lugar "a nuevas sensaciones que permiten ver algo más profundo de lo que te venden por televisión y radio porque se da algo muy valioso: el milagro de comunicarse".

Respecto a las letras que escribe para ser interpretadas al ritmo del dos por cuatro, recordó que también Negro le hizo ver que "alguna vez todos los tangos fueron nuevos" y apuntó que "si Discépolo viviera, seguramente hoy escribiría de los cacerolazos. Pero es cierto -afirmó- ha sido tan importante el pasado en el tango que cuando uno se pone a escribir siente esa presión".

Enemiga acérrima de la gente desagradecida, sostiene que en el medio artístico los egos son todo un problema. Y está tan alejada de la vanidad que no habla de los premios recibidos en el país y en el exterior, ni de los muchos cantantes que eligen sus temas para interpretarlos, ni de la distinción recibida como vecina participativa de la Ciudad de Buenos Aires. "Es que lo que más me interesa es pasar por vida y dejarla un poco mejor", concluye, casi como si planteara el boceto de una futura letra