Un accidente cerebrovascular cambió hace cuatro años los ejes de su destino, con un golpe brutal que la obligó a recurrir a su fortaleza moral para salir adelante, crecer y aprender que nada es imposible.

A un en el peor momento de su vida, cuando no podía articular palabras y estaba inmovilizada primero en una cama y luego en un silla de ruedas a causa de un ACV, Miriam Nujimovich fortaleció su espíritu para imponerse como meta superar la adversidad impensada que detonó aquel accidente cerebrovascular.

Miriam, que tiene 48 años, hace cuatro que le da pelea a las secuelas que quedaron de aquel ataque feroz que la sorprendió en Miami, donde residía con quien entonces era su marido y su hijo Matthew, hoy de 14. Aunque ahora esté mucho mejor, su cuerpo evidencia algunos rastros de ese combate contra una afección a la que decidió, más allá de su gravedad, tomarla con el mejor humor posible.

Tres meses de internación en el FLENI de Escobar marcaron un avance lento y progresivo en el que mucho jugó su voluntad como paciente que mientras recuperaba en parte habilidades que ya no incorporan movimientos finos, empezó a proyectar el futuro desde su nueva realidad tomando como base lo mucho que aprendió durante la convalecencia.

Una de las dificultades que más padeció tras el ACV era vestirse por lo que empezó a pensar que podía, una vez restablecida, producir ropa para gente que atravesara una situación como la que había vivido o que tuviera otro tipo de discapacidad.

"Abrochar y desabrochar una prenda era difícil y fue lo primero que pensé que tenía que encarar si pensaba hacer ropa para quienes necesitaran de esa vestimenta especial", apuntó Miriam a HISTORIAS DE VIDA.

"Estuve mucho tiempo sin mover el brazo y sé lo que la gente con una dolencia de ese tipo necesita", dijo esta licenciada en diseño gráfico que estudió además historia del arte.



Miriam tardó tres años en confeccionar los diseños que dieron lugar a su marca, Handy, la que hoy dejó de tener la demanda pequeña que había imaginado para ganar espacio en el mercado de quienes padecen problemas de movilidad.

"La marca de ropa, que fue una manera de sobrellevar la adversidad, es una línea casual y accesible que busca que quien la use esté más cómodo, se sienta más independiente y utilice prendas acordes a las medidas que requieren los que pasan los días en silla de ruedas", contó.

Una amiga que tiene un hijo discapacitado de 14 años la ayudó a diseñar un poncho para chicos que se trasladan en sillas especiales, una creación a la que le sumó modelos modernos de pantalones con velcro y camisas con imanes que reemplazan a los botones.

Igual que siempre

Pendiente de los pedidos y consultas que ingresan por www.handyespecial.com, Miriam reconoce que lo suyo fue siempre luchar, como los 5 años y medio de tratamiento que hizo para poder concebir a su hijo.

"Tengo una ventaja: me río de todo pero siempre fui así y creo que por no tomarme la enfermedad en serio es que pude salir adelante. Al menos a mí me resultó", remarcó.

Sin embargo, no se olvida de los dos meses que estuvo internada en Miami donde en la terapia intensiva "nadie me hablaba porque pensaban que no escuchaba. En verdad lo hacía pero -aclaró- no podía expresarme, lo que era desesperante". Pero al final venció, al tal punto que logró desnudar al artero ACV que un día se ensañó con ella, para superarse y vestir a otros con su marca, la que lleva estampado en cada fibra el concepto que acuñó con temple:"se puede".



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