Autor de siete libros, figura en los carnavales de Bahía en los 80 y cultor del espacio underground porteño, honra el duende de la creatividad poética y narrativa que su abuela Zelmira fue la primera en valorar.
Como un torbellino, Fernando Noy repasa sus intensos 62 años en los cuales la poesía, como componente esencial, el teatro y las performances, se conjugan con una foja de servicios alimentada por siete libros publicados, un autoexilio en Brasil donde terminó siendo figura del carnaval bahiano, su adictivo vínculo con el Di Tella en los tiempos de esplendor del instituto y la búsqueda incesante dentro del espacio 'under'.

"Acabo de inventar en este momento la definición de lo que soy: poetifacético", un neologismo acuñado por Fernando y cuyo propósito es sintetizar las características de un personaje singular nacido en la Patagonia pero que halló en el Abasto una suerte de patria chica repleta de musas que alimentan su desbordante creatividad. "Pero atención -advierte- ahora por sobre todo soy ángel".

Es que para Fernando el Abasto, donde su abuelo fue patrón y sota en el viejo mercado que antecedió al actual shopping, "es una Babilonia enclavada en lo que fue tierra de malevos, donde hoy te encontrás peruanos, judíos, coreanos, africanos y criollos" que, interpreta Noy, resumen cultura.

Fue en ese mercado de Abasto en el cual ese abuelo bravo tenía un puesto de carne donde Fernando empezó a respirar vida pero más atraído por la florería cercana que por el mostrador que exhibía los cortes rojo sangre.

En esos años, el padre de Fernando le decía con cierta preocupación a Zelmira, la abuela del nene, que reparaba en la belleza de las flores: 'mi hijo es tan delicado' y la nona, recuerda Noy, contestaba con claridad meridiana: 'sí, pero es un genio'.

Nacido en Las Grutas, Río Negro, y con parte de la niñez transcurrida en Ingeniero Jacobacci donde en los fondos de su casa intentaba bailar clásico con su hermana, Fernando modeló su perfil creativo nutrido de los ámbitos inhóspitos y solitarios en los cuales, afirmó a HISTORIAS DE VIDA, "la poesía me surge sola".

"No me siento en un cuerpo equivocado porque soy feliz y asumido"' subrayó al referir a su homosexualidad. "Mi padre sufrió al principio, pero cuando se dio cuenta que yo tenía el duende dentro, me alentó a escribir. Además todo artista es andrófobo", subrayó.

Emperatriz en rodeo ajeno

Con el movimiento hippie, en los 60 "me hice adicto al Di Tella", explicó para marcar el kilómetro cero de su actividad como poeta, aunque unos tres años antes, a los 14, ya había empezado en el teatro del Arte con Malissa Zini como mentora.

Un duro golpe como fue la muerte de José Iglesias, Tanguito, lo llevó a autoexiliarse doce años en Brasil donde primero se hizo dueño del carnaval bahiano "como emperatriz del concurso, lo que me valió -dijo- ser invitada a la comparsa Belha Flor".

La vuelta a los pagos lo llevó a bucear en el movimiento underground porteño y en la discoteca Cemento, donde fue su primer presentador y conoció a Salvador Walter Barea, el performer de quien Fernando escribió el libro 'Te lo juro por Batato'.

Inquieto y vital, convocado por Cecilia Zabala ahora le está poniendo letra a partituras inéditas de Violeta Parra. Mientras tanto, proyecta un musical infantil y avanza en su autobiografía, un trabajo que puede resultar extenuante para un simple mortal, pero no para el ángel de la poesía que sobrevuela el Abasto.

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