Un laburante proletario, como gusta definirse, forjó sus principios en el aprendizaje obtenido en la calle, donde su fina sensibilidad encontró la vocación de escribir todo aquello que acumula en el alma
José atiende el teléfono ubicado en el dormitorio que lleva más de un año vacío. Desde que murió su esposa Leonor, para este cultor de los buenos modales, la expresión florida y sobre todo las convicciones, ese cuarto cobra desde el 8 de noviembre de 2012 la apariencia de una herida abierta a la que le esquiva el contacto. Es más, para no confrontar con ese espacio que le causa dolor, suele dormir en otra habitación de su casa de Mataderos, allí cerca de la intersección de Eva Perón y General Paz, donde durante años tuvo una parada en la que ejerció su oficio de vendedor en el que es su medio, la calle.
A los 79 años, José Vilardo se jacta de tener un apellido que suena igual al del ex entrenador del seleccionado nacional Carlos Salvador Bilardo, de quien sin embargo se encuentra en las antípodas en cuanto a la manera de ver y sentir el fútbol.
"Soy un Vilardo singular, con ve corta y menottista", afirmó a HISTORIAS DE VIDA para dar testimonio de su identificación plena como hincha de Huracán nacido en Parque Patricios y que comulga con el credo futbolístico de otro ex entrenador de fuste del seleccionado, César Luis Menotti.
Este Vilardo, además, da rienda suelta a una inspiración que lo envuelve desde adolescente y por la cual escribe aforismos y poesías de corte popular basadas en aquellas experiencias que, sostiene, "se me acumulan en el alma".
Esa es la razón por la que uno de sus primeros escritos hizo foco en una desgracia que marcó a toda su familia cuando José apenas tenías 6 años: su madre murió arrollada por un tren en una fría tarde de junio de 1941.
Su padre, como Vilardo hace desde que falta Leonor con la habitación matrimonial, puso distancia de la tragedia y se fue a trabajar a un campo en Gorostiaga, Chivilcoy, en una experiencia que sumó al principio a sus tres hijos pero que final solo terminó acompañado durante diez años por José, ya que sus dos hermanas volvieron con su abuela a Parque Patricios al mes de haber emprendido la aventura rural.
Laburante proletario
"Soy hijo del proletariado y por eso en la vida hice de todo, hasta escribir los poemas y las frases en los colectivos" que abordaba para ir a comercializar sus artículos a ferias, estadios y concentraciones y que hasta le servían para promocionar sus productos tan aplicables para la dama como para el caballero.
También fue empleado en los depósitos de la municipalidad porteña donde aquella concepción proletaria de origen y una conducta inclaudicable, lo convirtieron hasta que se jubiló en una suerte de delegado no electo opero, sin embargo, con un enorme predicamento entre sus compañeros.
"En el laburo de la municipalidad y en la calle siempre tuve como guía el valor de la palabra que para mí, aunque hoy cotice muy poco, tiene el valor de un documento", aseguró quien vierte mucha sensibilidad en sus escritos toda vez que empuña la birome para edificar frases en el cuaderno en las que las va atesorando.
"Yo estaba del otro lado del andén, justo cuando pasaba el último tren" dice uno de sus textos que suena a profunda melancolía, escritos como tantos otros con la geografía de los cien barrios porteños de fondo o con miradas envueltas en tristeza dirigidas a aquel dormitorio vacío que desde hace trece meses lo lastima.