El multifacético educador que llegó a ocupar en su rubro un alto cargo en la Provincia, también incursionó en política sin beneficiarse
con ella, le dio nombre a un gremio y fue campeón en el primer Torneo Evita.
La satisfacción más grande que Rodolfo Néstor Peñaloza ha tenido en los 78 años que lleva transitados es haber dejado su impronta en todas las actividades que desarrolló detrás de la vocación irrenunciable a enseñar, la que lo llevó a dictar clases en remotas escuelas rurales a las que debía llegar montado a caballo, fundar establecimientos escolares y hasta impulsar para un sindicato de docentes el nombre del prócer coterráneo en el que tanto se inspiró su carrera.

Si hay una característica en la vida de Peñaloza, es la que lo asocia con múltiples actividades que lo acercaron al deporte, al contacto con figuras de trascendencia histórica y a la política donde nunca buscó obtener ningún rédito, pergamino que hoy ostenta con un orgullo compartido con sus hijos Rodolfo y Sergio, que le apuntan a su padre aquellos datos a veces empantanados en una memoria repleta de tantas anécdotas, acciones y logros.

El recorrido de Peñaloza comienza con el terremoto que en enero de 1944 devastó San Juan y puntualmente su barrio, Trinidad, donde vivía con su familia. “En marzo de ese año nos fuimos con mis padres y mi hermano a Monte Grande, en la que fue nuestra primera aproximación al lugar donde años más tarde nos a ncamos”, subrayó a HISTORIAS DE VIDA.

Por aquellos días y con la necesidad de aportar a los ingresos familiares, Rodolfo y su hermano Enrique comenzaron a lustrar zapatos en locales ubicados frente a la estación de Monte Grande. Fue cuando era lustrabotas que algún malintencionado no tuvo mejor idea que robarle a los dos nenes los respectivos cajones que utilizaban, lo que hizo que el vecindario conmovido por el llanto de los dos hermanitos restituyeran por medio de una colecta los elementos de trabajo que les habían sido birlados.

Los Peñaloza retornaron a San Juan en el 47 cuando el gobierno de Juan Perón inició la reconstrucción de la ciudad, en la cual Rodolfo inició su formación como docente que concluyó
en 1952 cuando accedió al título de maestro rural.

“A  nes de ese año volví a Monte Grande para trabajar en la docencia pero recién pude empezar a hacerlo en el ciclo lectivo de 1953” dijo, en lo que fue el punto de partida de una carrera que le signi có ser maestro en Monte Grande y Luis Guillón; fundador de las escuelas números 13, del barrio La Unión, y 23, en Carlos Spegazzin;, profesor de enseñanza secundaria en la Escuela Nacional de Comercio y el Colegio Nacional, regente en el Instituto de Formación Docente de Monte Grande, y más tarde, Inspector General de Escuelas bonaerense, cargo del que fue separado tras el golpe de 1976 .

Sarmiento versión sindical Previamente, en 1961, junto con otros docentes, Peñaloza incursionó en el terreno gremial con la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB) y fue en oportunidad de un congreso al que asistió como delegado gremial docente “que propuse -subrayó- que la Federación llevara el nombre del gran maestro sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, lo que  nalmente fue aceptado”.

Pero Peñaloza también tuvo tiempo para incursionar en política y en 1984 fue congresal provincial del Partido Justicialista. “Es que siempre estuve comprometido con el peronismo, pero nunca lo utilicé para progresar en mi carrera”, ya que “nunca ejercí cargo político alguno”, afirmó.

Tal es así que cuando lo quisieron impulsar como candidato a diputado del PJ, dio otra lección: “pre ero -respondió ante la propuesta- que la oportunidad la tengan otros muchachos”. Y así fue.

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