Boxeó con 7 púgiles que en distintos momentos fueron campeones y ahora asegura que puede hacerle sentir el rigor de sus puños al propio Sergio Maravilla Martínez, con quien perdió dos veces por puntos.
M ás allá de la simpatía natural que le permite ganar la definición de pillo que se da a si mismo, Silvio Rojas suele recorrer con tristeza las calles de los barrios pobres del sur del conurbano en los que ejerce la precaria profesión de busca, por estos días, encaminada a comercializar económicas bolsas de papel higiénico.
La aflicción que a veces lo invade y se manifiesta en su mirada tiene que ver porque este boxeador que según los registros de la Federación Argentina de Box (FAB) libró 96 peleas como profesional con 44 victorias, 42 derrotas, 9 empates y una sin definición, considera que suerte, contactos y oportunidades se comprimen en la columna del debe en el balance de su vida, por más que haya sido en extremo atractiva y llena de matices.
“Me gano la vida como busca y lamentablemente en el boxeo ví mucha porquería y la verdad, no tuve apoyo”, reconoció a HISTORIAS DE VIDA, en un alto de su actividad comercial en el barrio Villa Centenario, en Lomas de Zamora, donde reside con su concubina y de dos de sus hijas.
Con 42 años y sin signos de haber sufrido castigo en los cuadriláteros como podrían indicarlo las 16 peleas que como profesional perdió antes del límite -dos menos de las que ganó de esa manera-, Rojas espera una chance que le permita revertir una situación económica adversa.
“Yo fui un villero que por el box estuve alojado en hoteles de cinco estrellas en todo el mundo. En París, por ejemplo, me bañaba hasta seis veces por día” contó en un alto de su cotidiana recorrida comercial en el local de juego de su amigo Hugo, donde atesora un par de guantes de los días de actividad pugilística. Traigan a Maravilla
La foja de servicios de Rojas destaca peleas con siete púgiles que había sido o llegaron luego a ser campeones, entre ellos Julio César Chávez padre, Carlos Manuel Baldomir, Rahiloud Khalid, Juan Martín Coggi, Sergio “Maravilla” Martínez, a quien enfrentó dos veces, Cherife Hacine y ya fuera de reglamento tras una suspensión aplicada por la FAB, con Julio César Vásquez. Hacine y Chávez lo noquearon, el resto -menos con Vásquez, con quien empató- le ganó por puntos.
Aunque reconoce que hace largo tiempo no entrena en forma, afirmó que si se prepara no dudaría en “pegarle a Maravilla como ya lo hice”, más allá que todavía recuerde lo duro que significa soportar el lacerante punteo en la frente aplicado por los puños del actual campeón mundial de los Medianos versión AMB.
El dinero fue y vino pero Rojas no accedió a bolsas importantes y sin sonrojarse, pero a modo de denuncia de la oscura trama que envuelve el submundo del box, admitió que a veces dejó que su rival se quedara con la pelea “por los 600 pesos que me ofrecían y servían para parar la olla en casa”.
Rojas no le cae a los boxeadores que terminó beneficiando con esa actitud cuestionable, pero sí apuntó contra los personajes nefastos enquistados en la actividad.
“Muchas veces pedí en la intendencia apoyo para llevar el box a algún gimnasio en los barrios, pero hasta ahora nunca me dieron respuesta”, subrayó afligido.
Y con esa pena y los recuerdos removidos Rojas vuelve a su labor de busca en las que las bolsas de su realidad son las que vende a buen precio en los barrios pobres