"No sabés los difícil que es combinar los oficios de músico y mecánico, pero el sacrificio lo permitía" dijo quien se fue perfeccionando en el piano, el saxo y la trompeta en los fines de semana en confiterías y boites, tras las intensas jornadas entre motores navieros y grasa en el taller de su padre en Dock Sud.
En el rubro mecánico las cosas anduvieron bien casi por 25 años pero una de las tantas crisis del país obligó a bajar las persianas para quedar, como afirmó, "con una mano atrás y otra adelante".
Los bailes en las Mil y una Noche y su participación en la orquesta de Atilio Bruni le fueron abriendo otro panorama enteramente asociado a su placer por los sonidos armónicos y el ritmo.
Amigo de los instrumentos
"Integré muchas formaciones y si bien tengo bajo perfil, sigo trabajando", sostuvo quien los sábados ejecuta el saxo en el Plaza Hotel y los sábados está frente al piano bar del Alvear.
En el local, donde oficia de luthier, Mario aconseja a los clientes que se acercan con sus dudas a cuestas. "Sebastián tiene buen oído y es una ayuda valiosa en las reparaciones que aquí hacemos" indicó.
Roncel tiene otro hijo, Nicolás, de 19, producto de su matrimonio con Liliana, que no está tan ligado a la música sino con los genes de la mecánica , ya que estudia para ser técnico aeronáutico. "Nunca le dije -confesó- que a mí de joven también me atrajo la mecánica biónica".
Ahora Mario considera que está "tranquilo" con el taller y que su oficio de luthier de instrumentos "está in crescendo" porque cada día hay más especialistas. Pero Mario reivindica su sentir por la música que trata de trasladar a sus clientes. "Les explico que un instrumento es un amigo, un ser querido al cual más lo tocas, mejor te vas a llevar" afirma, feliz de la vida que ha llevado, en la que la música fue el motor que lo convirtió, como dice, "en un bohemio del viento".