A través de las "cartas del perdón", uno puede conectarse con el niño que fue y lograr un rescate de sí mismo. ¿Cómo? Leé y enterate

¿Cuántos hechos nos marcaron y condicionaron nuestra vida? ¿Cuántas veces sentimos la necesidad de sanar heridas del pasado y no sabemos cómo? Silvia Freire ofrece las respuestas a estos interrogantes a partir de un método sorprendente.  

-¿Qué son las cartas del perdón?

-Son unas cartas que se escriben principalmente a los padres, con la intención de sanar aquellas cosas que dañaron a nuestro niño interior. Te ayudan a ver que todavía sigue vivo el niño que fuiste. Para eso tendrías que conectarte, ahora mismo, con tu propia mano. Mirala, es la misma  mano que estuvo en tu cuna. La que tenías de pequeño. Entonces podríamos decir que dentro de tu mano esta tu niño. Sigue igual, con todos los registros que conservás en esa mano. Esa mano que tomó por primera vez un lápiz para escribir. Esos primeros trazos que escribió son parecidos a los que vos hoy podes imitar con tu mano no dominante. Si con tu mano no dominante agarrás una lapicera y empezás a escribir, a menos que seas ambidiestra, vas a hacer garabatos. A partir de allí, la mente recuerda aquella letra que leía con tanto esfuerzo un nene que comenzaba a escribir en primer grado.  

-¿Cómo diseñaste?


-A partir de haber leído a Luisa Hay, que habla del niño interior, a  Osho y su libro ''El libro del niño'' y a tantos otros autores que formaron la idea con sus teorías.

-¿Cuál es el objetivo del método?

-Las cartas están pensadas para sanar al niño interior que es el que hoy dibuja tu vida. Porque el idioma que vos hablás, lo sabés porque te lo enseñaron tus padres. El objetivo de este trabajo es que uno pueda resignificar.

-¿Y cómo se organiza el trabajo?

-Son tres pasos. En primer lugar tenés que haces la carta a los padres. Se la escribe el niño con la mano no domínate. Entonces, si uno pone: ''Querida mamá, me dolió mucho cuando vos...''.  Esto está dirigido, ya que el adulto dirige a la mano no dominante a escribir. Uno queda en silencio y en ese momento algo interno expresa lo inexpresado hasta hoy. Permitís que el niño diga todo lo que tiene contra su madre, que en general no nos permitimos porque reprimimos toda crítica a los padres, ya que no  es solamente hacia ellos, sino hacia toda la estructura que uno armó a partir de ellos.

 -¿Y entonces?


-Esta carta la tenés que guardar junto a un muñequito de trapo con el que vas a trabajar por medio de la conexión. Lo abrazás y lo consolás, ya que te representa a vos cuando eras chiquito. Es un objeto inanimado, no tiene alma.  Al conectarte lo cargás con tu energía, debido a que todos los objetos tienen átomos, moléculas, etc. Tienen actividad. Con tu energía vos activás  todo el material del que está formado el muñeco. Cuando digo esto puede ser algo tan simple como una toalla acogotada con una cintita, dos puntitos con los que representás los ojos y una sonrisa. Al cargar el objeto lo que sucede es que cobra ánima. Cuando ya es animado, el objeto te devuelve el amor que le diste y la fe que depositaste en él.

-Y ahí viene el segundo paso...

-Claro. El segundo paso es hacer la carta con tu mano dominante, que representa a los adultos. En esta tu madre te dice: ''Perdoname, verdaderamente yo no sabía lo que estaba haciendo. No sabía que te estaba condicionando para toda la vida. Te di lo que me dieron, te eduqué como a me habían educado y me pareció que estaba haciendo lo mejor para vos''. Uno como adulto responde desde lo que uno cree que sería lo mejor que el niño puede escuchar. Si el adulto conserva odio o rencor por el padre que abandonó al niño o lo violó, no va a poder creer que el padre diga "perdoname, yo no quería hacerte daño'' porque todavía conserva el odio. Entonces tiene que desenfocar el odio en el padre y enfocar el amor al niño que tiene que rescatar.

-¿Y cómo puede hacerlo?

-Le dice al niño: 'Ningún hombre sano puede hacer algo así. Tu papá violador estaba loco.  Juntos, vos niño y yo adulto, vamos a rezar por ese pobre hombre que estaba loco y no sabía lo que hacía''. Tu padre, en tu mano dominante, escribe la idea que puede llegar a consolar al niño y que el adulto pueda llegar a sostener. Después hay errores de menor gravedad que tienen que ver con lo cotidiano: tu madre pudo haberte pegado, tu padre te pudo haber retado o se pudo haber ido con otra, y tu madre pudo haber dicho que era una basura. Esos errores son muchos más fáciles de traducir al niño, porque para el adulto es mucho más fácil comprenderlo.

-¿Y cómo concluye?

-El último paso es mandar la carta de los padres por correo una vez por semana. Te la mandás y la leés. Hay una magia que acontece sólo si vos te ponés al servicio de la experiencia.

-¿Se pueden mandar por mail?

-No. Además, es muy especial lo que se siente cuando mirás el buzón y ves una carta cuyo remitente es "Papá"'. A la vez las cartas se pueden ir modificando, el texto se puede cambiar. Por ejemplo, si la carta dice: "'Te ordeno, te autorizo o te pido que te compres el auto que tanto deseás y que no pienses que yo nunca tuve auto'', una vez que te comprás el auto, eso no lo vas a seguir leyendo a menos que pongas: ''Permitite disfrutar como yo nunca me lo permití''. Los resultados se empiezan a ver de forma inmediata. Y funciona siempre.

-¿Por cuánto tiempo deben hacerse?


-La de mi papá la hice durante un año. Con la de mi mamá me equivoqué. Como ella estaba viva pensé que era mejor que me grabara un casette. Tenía 80 años y subió a la sala de terapia con mucho sacrificio. Entonces yo, que tenía la carta escrita, leía un renglón y hacía que lo grabara. Me dio tanta ternura que cuando lo puse a la noche me quería matar. Le hice decir cosas que ella ni se había enterado que a mí me habían dolido.

-¿A quiénes recomendás el método?


-A todos los seres humanos que estén en este planeta enajenado. Porque el niño inevitablemente va a tomar ''El libro de la ley'' según los toltecas, que es el librito en el que uno escribe lo que le parece que es. Entonces el adulto tiene que ir y decirle que no es así.  Anthony de Mello te dice: ''Borrá el pizarrón y empezá a escribir todo de nuevo''. Como dice Conny Mendez: ''No me creas, andá y hacelo''. Y recordá algo: ''No importa cuán maduro seas. Si un niño te pasa un teléfono de juguete, tenes que atender la llamada''.

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