Justamente por esos días Suresh era guía de turismo en un hotel que recibía turistas de todo el mundo ávidos de conocer el monte Everest pero cuando la situación económica en su país se tornó más que difícil, asoció la no muy firme propuesta con alguien que lo cautivaba desde chico y que era, a su entender, el argentino más famoso: Diego Armando Maradona.
Fue así que terminó sus estudios de Economía, juntó el dinero necesario y cubrió los 16.490 kilómetros que separan Katmandú de Buenos Aires, para con la tarjeta que le había dejado, tocarle timbre a aquel turista que lo había tentado a probar fortuna en Argentina, quien seguramente jamás imaginó a Suresh tomando tan en serio su comentario. Para colmo llegó al país en un año bravo, el 2000.
Solidario al fin, el hombre trató de encausar la situación para evitar que Suresh fuera un nepalés librado a su suerte en la jungla porteña y lo llevó al exclusivo restaurante de un amigo en la Recoleta, en pos de un empleo que al fin y al cabo le dieron y aun hoy mantiene, ya con un cargo de mayor responsabilidad.
"El español me lo enseñaron los mozos, algunos clientes y el dueño porque yo hablaba inglés pero no todos aquí lo hacían", detalló en un castellano a veces trabado a HISTORIAS DE VIDA. Es que así habla Suresh, el hombre nacido hace 39 años en Imadol Lait Pour, a pocos kilómetros de la capital del país cuyo calendario se ubica hoy en el año 2073 y en el que se hablan más de 50 dialectos.
Hoy multifacético encargado del restaurante La Stampa, Suresh aprovechó la oportunidad que le dieron y de la está plenamente agradecido, para poder adaptarse a un medio muy diferente para su concepción de la vida a partir de la cosmovisión hinduista y budista.
Aunque trabaja en el restaurante de Recoleta, Suresh y su mujer argentina, Silvina, se asentaron tras un paso por un departamento en Tucumán y Esmeralda, en Rafael Castillo, La Matanza, donde todas las madrugadas regresa tras cerrar el local en un viaje de más de dos horas que incluyen tomar otros tantos colectivos y un remís.
Sólo le pido a Dios"Yo le pido a Dios sólo tener salud y así poder ayudar a otro que necesita. La clave es tener buenos pensamientos, no mentir ni ofender, teniendo en claro que venimos sin nada y nos vamos sin nada", sostiene como clave para considerarse una persona feliz. "Es que la vida es muy corta y por eso tenemos que vivir felices', advirtió.
Su pareja, a la que le presentaron sus compañeros de trabajo, perdió tres embarazos avanzados y para Suresh eso es una cuestión que atribuye, con serenidad, "al destino. Pero pienso adoptar un bebé porque la vida -precisó- es también ser padre y madre de los que no los tienen". Ese es su actual proyecto, el que despunta en cada largo recorrido de madrugada hasta su casa, para reencontrarse con Silvina, dormir tres horas, y seguir siendo tan feliz, ahora en la Recoleta y en La Matanza, como lo era en Katmandú.