En este Domingo de Pascuas los cristianos de todo el mundo celebran la Resurrección de Jesús, el triunfo de la Vida sobre la Muerte.
La Iglesia Católica celebra este 5 de abril el Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual la resurrección de Jesucristo al tercer día después de haber sido crucificado.
Las iglesias se visten de sus mejores ornamentos, ya que es la cima del año litúrgico, el aniversario del triunfo de Cristo, la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor.
Los cristianos celebran el acontecimiento más importante de la historia: la redención y liberación del pecado de la Humanidad por el Hijo de Dios. Como dice San Pablo: "Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales".
La grandeza de las Pascuas cristianas tienen su origen en la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo hicieron los hebreos hace tres mil años, en la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés.
Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el entonces pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía. Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos.
Las pascuas cristianas –llenas de profundas simbologías– celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído.
Como enseña la Iglesia Católica, Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
La Resurrección descubre la vocación cristiana y su misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal.
El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que , aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz –suma de todos los bienes mesiánicos–, en una palabra, la presencia del Señor resucitado.
San Pablo lo expresó con emoción en este texto : "Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él" (Col. 3 1-4).
Con informaciòn de ACI Prensa