Cómo les cambió la vida a Néstor Dimícoli, Alberto Bravo, Marcelo Altamirano y Exequiel Pampín explotar el parecido con Charly García, Arjona, Rodrigo y Gustavo Cordera
Por SERGIO PJASECZNY
Néstor Dimícoli, Alberto Bravo, Marcelo Altamirano y Exequiel Pampín cuentan cómo les cambió la vida ser los dobles de artistas consagrados nacional e internacionalmente. -¿Cuándo empezaron a percibir que podían vivir de esto? Alberto Bruno (Arjona) -Mi caso fue muy difícil porque debía mantener a mi familia. Sabía que cruzar el muro me podía llevar a la ruina. Yo fabricaba paletas playeras en un local muy chiquito. A veces terminaba tan cansado que no tenía ganas ni de cambiarme. Salía tan lleno de aserrín que quienes me conocían me gritaban: “¡Arjona, parecés una milanesa!”. Tomar la decisión de dejar ese trabajo para saltar una pared sin saber qué había del otro lado, era complejo. Por ende, fui haciendo todo con cautela hasta que advertí que muchas de las cosas que fabricaba las estaba pagando con el dinero que salía de mis shows. En ese momento, me dije: “Llegó la hora de vivir de esto”, y cuando le tomé la mano lo hice sin temor. Incluso, al principio, cobraba muy barato porque más allá que estaba teniendo trabajo, estaba asustado porque pensaba: “¿Y si no me llaman más de qué voy a vivir?”. -¿En qué les cambió la vida este trabajo? A.B. -A mí, en todo. De hecho, yo viajé en bondi durante diez años y hoy tengo un auto que cualquier arreglo que le deba hacer no baja de los 2 mil pesos. Ya no podría volver a fabricar paletas. Con lo que ganaría hoy no podría pagar ni la patente del coche. Néstor Dimícoli (Charly García) -Al año siguiente de debutar en un canto bar me ofrecieron la conducción del canto bar, techo, comida y sueldo. -¿Se puede vivir bien con lo que hacen? N.D. -Depende del éxito de los originales. Existen muchos dobles de famosos que han perdido vigencia. En una época, yo trabajaba con los dobles de Meijide, Ubaldini y Neustadt, y hoy están sin laburo. Exequiel Pampín (Gustavo Cordera) -Hay casos como el doble de Maradona que vive de sacarse fotos con los turistas en Caminito. -¿Todos viven de esto o tiene otra actividad? N.D. -En mi caso, hace 22 años que sólo trabajo como doble de Charly. A.B. -Yo hace cinco que vivo de hacer el Tributo a Ricardo Arjona. -¿Cómo empezó todo? AB.-Yo había ido con un amigo a un karaoke y me puse a cantar una canción que no era de Arjona y alguien, al verme parecido a él, me dijo: “¿Por qué no cantás una de Arjona?”. Canté Pingüinos en la Cama, y como a la gente le gustó tanto canté cuatro canciones más. A los tres meses estaba haciendo el Tributo a Arjona. Poco a poco esto se transformó en mi medio de vida. Hoy tengo un boliche que lo puse con el dinero que me fueron dejando los shows. Marcelo Altamirano (Rodrigo Bueno) -Mi actividad se inició en 2000 cuando, después de la muerte de El Potro, me eligieron para hacer el doble de Rodrigo en una publicidad de cerveza junto a Marixa Balli. Luego me ofrecieron grabar un CD. Al tiempo volví a Salta y decidí arrancar como cantante de cuarteto. Hasta ese momento había trabajado como jardinero, gastronómico y vendedor ambulante. Cuando me descubrieron, trabajaba en un supermercado. Hoy vivo de esto y me dedico al cuarteto. E.P.- Hace años que tengo una productora de dobles. En 2008 había vendido el show de Alberto como doble de Arjona. Al llegar al boliche, el dueño me gritó: “Yo pedí a Arjona no a Gustavo Cordera”. En el hotel me recorté la barba y me dejé la chiva como Cordera. Por la noche, al terminar el show de Alberto, el dueño del boliche me dijo: “Subí y hacé play back”, yo le respondí: “No, nos van a matar a palos”. Tanto insistió que acepté. Al bajar del escenario, me llevaron a un VIP y la gente hacía cola para sacarse fotos conmigo. Días después Alberto me dijo: “Tenés un cumpleaños de 15 de una fan de la Bersuit”. Al toque, me puse a estudiar canto, me compré el mismo pijama de Gustavo y me presenté en la fiesta. A partir de ahí empecé con mis shows. Entretanto, y hasta hoy, sigo teniendo un local donde elaboro café para los pibes que lo venden por la calle en carritos. Actividad que alterno con la producción artística. -Para hacer bien este trabajo, ¿es vital sentirse identificado con sus dobles? A.B. -Sí, porque si uno siente la canción que interpreta puede poner más expresión sobre el escenario. -En algún punto, ¿se han llegado a creer que son el personaje? A.B. -Yo tuve el privilegio de hacer la previa de Arjona en el Chateau Carreras. Fue una experiencia increíble. En ese momento la gente estaba creída que yo era Arjona y yo también me lo creí, pero nunca mezclé el personaje con mi vida privada. Si alguien, por la calle, me grita: “¡Arjona!” por ahí le contesto: “Arjona, las pelotas. Yo soy Alberto” (risas). M.A.- Yo siempre me identifiqué con la música de Rodrigo. Soy fan de El Potro. De pibe soñaba ser como mi ídolo. No sólo tuve la suerte de parecerme sino que me eligieran como su doble. Salir en la tele caracterizado de él fue como cumplir el sueño del pibe. Cuando grabé un CD sentí que tocaba el cielo con las manos. Hoy, en mis shows, mezclo algo de Rodrigo y de lo que soy yo cantando cuartetos. Estando en el escenario me siento un poco Rodrigo, pero cuando bajo vuelvo a mi vida normal. A veces, cuando me gritan: “¡Rodrigo!” no me doy vuelta, porque yo soy Marcelo Altamirano. -La gran diferencia con sus colegas es que su doble está muerto, ¿es esa una ventaja? M.A. -No. Es más, me genera una carga muy pesada. Muchos dicen que quiero ocupar su lugar, pero no es mi intención. Es más, excepto en la Bizarren Music Party, estoy saliendo a cantar sin el pelo azul y la respuesta de la gente siempre es positiva. -¿Cuál es el perjuicio de ser doble? E.P. -Son todos beneficios, porque vivimos de esto. Ninguno sufrió una mala experiencia. Lo que debemos tener en claro es que cuando nos bajamos del escenario no somos el original. Si uno sabe separar las cosas, está todo bien. Arriba del escenario somos actores que hacemos un personaje. A.B. -A mí ser doble de Arjona me trajo beneficios económicos y perjuicios familiares, porque mi señora no me conoció haciendo este personaje. A nivel femenino ser doble de Arjona me da grandes posibilidades, a pesar que no las aproveche. E.P. -El escenario te da esa posibilidad y teniendo un personaje romántico como el de Arjona, las minas se enloquecen. A.B. -Es cierto, pero uno debe tener en claro que en casa hay una mujer que nos espera y que fue quien nos bancó y aceptó nuestro cambio de vida. E.P. -Lo que pasa es que la noche es prostituta, divertida, pero te pasa facturas muy caras. A.B. -Lo sé, por eso siempre tengo en cuenta que la familia no tiene precio, aunque, a veces uno se comporte como un cachivache. Al que tomó vino toda la vida no le podés dar Jack Daniels de golpe porque le va a hacer mal. Si no sabemos equilibrar esas cosas nos podemos marear. -¿Cómo resultó la transición del anonimato al reconocimiento público? N.D. -Ya me acostumbré a que la gente me reconozca, porque hace mucho que estoy con esto. M.A. -En mi caso, la transición fue muy loca. De ser una persona invisible que trabajaba en un supermercado, de golpe pasé a que todos me reconozcan por la calle. Después de estar en la tele, cuando salía a la calle sentía que tenía todos los ojos del mundo puestos sobre mí. Me sentía tensionado, incómodo, desencajado. Los fans me gritaban: “Puto, ¡Rodrigo hay uno solo!”. Para que mi vida siguiera siendo normal, un día me rapé y volví a Salta. Allí armé una banda de cuarteto y comencé a presentarme como Marcelo Altamirano. Recién este año volví a instalarme en Buenos Aires, con la intención de mostrarme como un nuevo artista cuartetero. -¿Qué responsabilidades implica ser el doble de artistas tan consagrados? E.P. -Más allá de que seamos seres independientes, debemos tener en claro que al cuidar nuestra imagen cuidamos la del artista. Por ende, debemos ser lo más prolijos posible. A.B. -Sin duda, porque la gente es muy cruel. N.D. -Muchos te dicen cualquier cosa. El otro día un nene me preguntó: “¿Vos sos el que te suicidaste tirándote de un balcón?” y le contesté: “Nene, si me hubiera suicidado no estaría acá, ni yo ni el otro” (risas). En el caso de los fanáticos de Charly, muchos te putean. -¿Sienten que los miran con lupa? E.P. -A full. Todo fan, te va a criticar hasta el último detalle. -Existen varios imitadores de Arjona, de Charly y de Rodrigo, ¿cómo viven la competencia? N.D. -No conozco dobles de Charly, sino gente que se caracteriza como él. Arjona tiene muchos imitadores, pero el único doble es Alberto. A.B. -El problema es que cuando le hacen un tributo a Arjona ponen una foto de Arjona, pero el que canta no se parece en nada. Esos están choreando. E.P. -Nosotros ponemos nuestra foto, no la del original. No le mentimos a la gente. A.B. -Es que un mal tributo nos perjudica a todos. La otra vez había un tributo a Arjona y el que cantaba tenía la voz de Pablito Ruiz y se parecía al Gordo Valor. Todos tenemos que vivir, pero hay cosas que no se deben hacer. Por ahí suena feo lo que digo, pero de alguna forma todos estamos choreando. M.A. -Yo no siento eso. De hecho, en Salta muchos me decían: “Teñite el pelo de azul y andá a chorear a Buenos Aires”, pero yo no lo hice porque quería hacerme valer por mí mismo. A.B. -Es que como dobles todos tenemos un techo. De hecho, si me pongo a cantar mis canciones no me viene a ver nadie. M.A. -Yo pienso que puedo ser un cantante de cuarteto. Siempre creí en mí y en Dios, quien me da la fuerza para pelear como Marcelo Altamirano. Sobre el escenario siento que no debo ser menos que Rodrigo, porque el alumno debe superar al maestro. N.D. -Yo jamás voy a poder superar a Charly, tampoco es mi intención. Mi vocación es la actuación, pero tuve que dejarla porque el trabajo me salía por ser el doble de Charly. -¿Es posible salir del encasillamiento? N.D. -No. De hecho, yo trabajé varios años como extra, pero cuando empecé a hacer lo de Charly me dejaron de llamar porque decían que me parecía mucho a él. Yo les decía me oscurezco el bigote, me engomino el pelo, me saco los lentes y no me parezco tanto, pero no hubo caso. -¿Hacen esfuerzos para asemejarse más a los originales? E.P.- A Marcelo le digo que se tiña el pelo de azul porque es lo que inmortalizó a Rodrigo y el que contrata un Tributo a Rodrigo, quiere ver eso. M.A. -Yo me niego porque una vez lo escuché decir a Arjona que el día que haga lo que la gente quiere se iba a convertir en un esclavo de la gente. Yo no quiero ser un esclavo de la gente, sino un artista para la gente. -Para ustedes, ¿qué representa la imagen? E.P. -Mucho. De hecho, cuido al máximo todos los detalles. A.B. -Yo cuido mi imagen tanto por mi pareja como por las fans que van a mis shows a ver al personaje. De hecho, jamás digo estoy casado porque sé que las chicas tienen la fantasía de conquistar al personaje y yo no puedo desilusionar a las fans. E.P. -Nuestra arma de seducción proviene de estar sobre un escenario. El problema es que, a veces, a la gente el límite se le confunde. M.A.- En mi caso hago deportes, me alimento bien, intento ser espontáneo, natural y, sobre el escenario, mostrar a un buen artista cuartetero. -¿Hasta cuándo creen que podrán vivir de esto? M.A. -Siempre supe que esto no dura toda la vida. Por eso, opté por poner más ladrillos en otra pared. N.D. -Charly es el número uno del rock nacional. Creo que hay Charly para rato y, por lo tanto, doble de Charly también (risas). A.B. -En Argentina se puede vivir bien de esto, pero siempre existe el temor que se corte, y yo no quiero volver a fabricar paletas. E.P. -En mi caso, mientras tenga parecido voy a seguir con esto, porque me deja plata, respetando al artista y a la gente. Yo tengo la suerte de ser parecido a Gustavo Cordera y lo pienso explotar hasta que dé. -Por último, ¿cómo definirían lo que hacen? EP. -Nosotros somos vendedores de ilusiones. N.D. -Tal cual. Al parecernos tanto, la gente tiene la ilusión que está viendo a esos artistas. A.B. -Al margen de tener la voz similar, lo que impacta es nuestro parecido físico. En ese sentido, estamos tocados por la varita mágica. M.A. -A pesar de ser dobles, también somos únicos. E.P. -Es cierto. De hecho, yo soy el único doble de Gustavo Cordera.

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